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Notas a pie de aula: sentido y significado

07/03/2014

Narración de un alumno


Alberto es una de esas personas que da gusto trabajar con ellas. No lleva mucho tiempo en la docencia y, sin embargo, parece moverse con naturalidad y eficacia dentro del enjambre de relaciones en el que esta profesión nos sumerge. No he presenciado ninguna de sus clases. Sin embargo, a tenor de su actitud general, no me resulta difícil intuir cuál es su estilo: sabe escuchar, por lo general está alegre, sus comentarios sobre los alumnos suelen ser positivos y, sobre todo, muestra una gran curiosidad y deseo de aprender de la experiencia de los demás.

Junto a siete profesores más, Alberto y yo integramos el Departamento de Sociales (yo soy el único de filosofía). Hoy, antes de que sonara el timbre de entrada, me mostró unas hojas en las que sus alumnos de segundo de secundaria habían escrito lo que pensaban sobre la forma de hacer sus clases y sobre la asignatura de Geografía en general.

–Qué interesante… –dije–. Me parece muy necesario conocer lo que piensan los alumnos sobre lo que hacemos–. Permanecí un momento en silencio y luego agregué: –Pero también creo que tal vez sea posible dar un paso más.

Mientras leía las notas escritas por sus alumnos pensé que Alberto les había permitido expresar lo que pensaban sobre su trabajo y sobre la materia, lo cual ciertamente no era poco. Sin embargo, en este esfuerzo por facilitar la expresión del pensamiento de los alumnos intuía que la figura del docente seguía ocupando el centro de la clase.

–Creo que no acabo de comprender del todo lo que me dices. A ver…, ¿por qué no me lo explicas un poco más?

No sabía muy bien qué decir. No era cuestión de dar una conferencia en ese breve descanso que tenemos entre clase y clase. Se me ocurrió entonces un ejemplo sencillo.

–Supongamos que tienes que explicar accidentes geográficos, por ejemplo qué es una bahía y qué es una península. Podrías comenzar dando una definición precisa, semejante a la que hay en el manual, luego buscar ejemplos y, finalmente, proponer un ejercicio práctico que consista en dibujar un mapa. Y disculpa la tontería de ejemplo que te estoy poniendo.

–No, no… Si es más o menos lo que acostumbro a hacer –respondió Alberto con su amabilidad habitual.

–También podrías hacer algo diferente, por ejemplo decir a los alumnos que seguramente ellos ya saben lo que son estos accidentes, y que ahora se trata de escribir una historia, un recuerdo o alguna otra idea que aparezca en sus mentes asociadas a las palabras “bahía” y “península”. Podrían escribir lo que se les fuera ocurriendo en sus libretas, no más de diez o doce líneas. Luego leer y comentar los escritos de cada uno. Mientras tanto podrías ir apuntando en la pizarra frases síntesis de lo que fueran diciendo y agregar al lado el nombre del alumno o la alumna que lo ha leído.

–Ciertamente que si contáramos con una pantalla digital y cada alumno tuviera un portátil conectado a Internet, utilizando Twitter, todos podrían compartir en tiempo real aquellas ideas que las lecturas de sus compañeros les fueran sugiriendo –añadió Alberto, mostrando una familiaridad con las TIC seguramente mayor de la que yo pueda tener.

–Supongamos que un alumno lee algo así: “Las palabras ‘bahía’ y ‘península’ me recuerdan unas vacaciones en la playa de hace unos tres veranos. Íbamos con mis padres a bañarnos a una bahía en la que había muy poca gente y el agua estaba muy limpia y tranquila. Un día decidí dar un paseo. Tenía curiosidad por ver qué había más allá de lo que podíamos ver desde donde siempre nos poníamos. Luego de caminar un buen rato llegué a una península formada por una gran roca que se sumergía en el mar sin que hubiera a su lado nada de arena. En lo alto de la roca había un faro que durante la noche se encendía y podíamos ver desde la pequeña casa que alquilábamos.

El alumno entonces se queda en silencio. No ha escrito nada más, aunque quienes le escuchabais tuvisteis la impresión de que la historia no había terminado. En lugar de pedirle que defina lo que es una bahía o una península, a partir del ejemplo que ha puesto, tú lo animas a que continúe. Te responde que no tiene nada más que contar. Entonces le dices que no es importante que lo que cuente realmente haya sucedido, que intente imaginar un final para su historia.

Luego de un momento prosigue: “En el faro vivía un señor mayor que justo cuando me acerqué estaba pescando. Mi primera reacción fue la de marcharme por temor a molestarle, pero el señor sonrió y me preguntó si sabía pescar. Le dije que no. Al rato comenzó a explicarme cómo lo hacía, indicando los elementos que necesitaba y los pasos que debía seguir. Cuando regresé nuevamente con mis padres les conté lo que me había pasado. Con su ayuda monté un pequeño equipo de pesca y me inicié en una actividad que me mantuvo ocupado el resto de las vacaciones”.

Le pides finalmente que intente sacar una conclusión de su relato: “Las penínsulas sirven para pescar porque se adentran en el mar, y éste se hace profundo a los pocos metros, cosa que no ocurre si nos ponemos a pescar desde una bahía. Además, las personas cuando no están en la ciudad o están de vacaciones parecen más amables”.

–Luego de esta experiencia narrativa –continué diciendo–, es posible que los conceptos propuesto se hayan  integrado de una manera mucho más consistente que si se hubiera explicado una definición y luego se hubiera propuesto como actividad dibujar un mapa.

–¿Por qué lo crees? –preguntó Alberto–.

–Porque de esta forma  nuestro alumno habría conseguido convertir un contenido expositivo en un saber narrativo –respondí–. En las narraciones, aunque los significados puedan ser ajenos u objetivos, al ser integrados en una trama el narrador los hace suyos. Además de aprender su significado, les encuentra un sentido.

–¿Qué diferencia hay entre significado y sentido?

–El significado es aquello que compartimos y que permite comunicarnos entre los individuos que utilizamos una misma lengua. El sentido, en cambio, sería algo así como la “coloración” que, de manera personal e intransferible, le damos al significado. El sentido es una construcción subjetiva que utiliza de manera predominante materiales emocionales o estéticos ofrecidos por un contexto experiencial determinado.

Pero también –añadí– en la realización de esta experiencia, el alumno ha conseguido algo más: pensar en su propio pensamiento, ejercitar la experiencia auto-reflexiva de pensar. El punto de partida no ha sido una explicación sobre accidentes geográficos dada por el docente, ni tampoco la respuesta a una pregunta que los alumnos debían de contestar luego de leer el manual. Por el contrario, se partió del supuesto de que ellos seguramente algo ya sabían sobre la cuestión, y se les propuso que escribieran o que explicaran no lo que sabían, sino las ideas, los recuerdos o los sentimientos,  que el hecho de pensar en lo que ya sabían podía suscitarles. Naturalmente que al convertirse esta experiencia en algo compartido con los demás compañeros, esta dinámica narrativa y creativa puede llegar a enriquecerse notablemente.

El timbre ya había sonado y yo tenía que entrar en una clase de segundo de bachillerato para explicar la filosofía empirista de Hume. Con el contenido de la charla con Alberto aún en mi mente entré en el aula preguntándome de qué forma podía convertir la “crítica a la idea de causalidad como conexión necesaria” en una experiencia de auto-conciencia narrativa. Una circunstancia me lo impedía o al menos lo dificultaba, haciéndome sentir no precisamente muy feliz: ahora debía ser lo más claro posible en la explicación de una materia compleja; y además no podía entretenerme demasiado puesto que para la próxima semana estaban previstos los exámenes trimestrales. Todos estamos de acuerdo en la importancia que tiene cumplir con la programación si pretendíamos que los alumnos fueran bien preparados a las pruebas de acceso a la universidad.

La institución educativo no sólo permite a los alumnos expresar los pensamientos propios únicamente entre clase y clase, en los pasillos, en sus “intersticios”; también lo hace con los profesores. Aunque en nuestro caso, quizá debamos preguntarnos si  aquello que nos impide hacerlo en el aula no será también todo aquello que de la institución llevamos dentro. Los profesores transitamos una profunda “socialización profesional” y solemos actuar en consecuencia. Por esta razón no nos resulta fácil modificar una práctica docente repetida y consolidada a lo largo de muchos cursos escolares.



Esta entrada fue escrita tomando como base otra anterior, publicada el 5/3/2010

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9 comentarios leave one →
  1. 07/03/2014 15:04

    Qué bueno, una nueva entrada, Alejandro!! Profundo, enriquecedor, como siempre! Gracias!

    • 15/03/2014 19:21

      Gracias a tí Estela. Reconforta comprobar que aunque pasa el tiempo los contactos valiosos y apreciados siguen allí.

  2. 07/03/2014 19:44

    Hola Alejandro, hace unos días comencé a seguir tu trabajo. Soy maestro de primaria, de EF, el del chándal… Sin embargo, me interesa lo que hacen los compañeros de otras especialidades.

    Al leer tu entrada me ha recordado a algo que vengo haciendo en los últimos años: preguntarle a los alumnos qué valoración hacen de la asignatura, qué piensan del maestro… Incluso, les explico de qué partes consta la evaluación y les pido que ellos se evalúen.

    Te dejo “Diez meses”, la entrada del blog que recoge una experiencia similar a la que cuentas con tu compañero de departamento: http://educacionfisicacpportugal.wordpress.com/2013/06/22/diez-meses/

    Un saludo y hasta la próxima.
    Chema.

    • 15/03/2014 19:20

      Gracias Chema por tu comentario y mis disculpas por el retraso en contestar. He visitado tu blog y me ha parecido muy interesante, además de tener un diseño realmente atractivo. Encantado de seguir en contacto.

  3. 15/03/2014 17:49

    Alejandro,
    “…aquello que de la institución llevamos dentro”, me recuerda unos versos de un poema de David Eloy Rodríguez: “el problema ahora/es que la jaula/está en el interior del pájaro”.
    He estado un tiempo desconectado. Me alegro de volver a leerte.
    Enhorabuena

    • 15/03/2014 19:17

      Gracias Rafael. Ya había notado tu desconección después de buscarte hace unas semanas. Estoy contento de seguir en contacto.

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