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Crónica de unas jornadas informales en Montevideo

01/09/2011

¡Qué hermosa ciudad es Montevideo, aunque sea en invierno! Hace ahora 35 años viví en ella unos pocos meses; y como siempre que llego a un lugar nuevo, en aquella oportunidad también  pensé que me quedaría para siempre; y, como casi siempre, acabé marchando. Siendo así, ahora recién llegado, ¿qué otra cosa podía hacer que no sea caminar por los lugares que me fueron habituales y, naturalmente, descubrir que ya no están o están muy diferentes? Daba igual; ello no me quitaba el placer de reconstruir y de sentir esa suave nostalgia, por cierto tan propiciada en esta ciudad que es, además de amabilidad,  pura melancolía.

Llegué a la Argentina el 19 de julio sin programa previo alguno, salvo el de pasar unos días en Venado Tuerto, mi ciudad natal, en compañía de mi familia. Pero al ponerme en contacto con amigos y colegas enseguida recibí una buena cantidad de propuestas de encuentros, entre ellos los de mis conocidos uruguayos. ¡Una oportunidad irrenunciable para recorrer esas  mismas calles de hace muchos años! Con el aliciente agregado de que el convite incluía observar una clase de filosofía en un Liceo de secundaria, moderar un taller de didáctica para alumnos del Instituto de Profesores Artigas (IPA), y tener un encuentro con otros docentes para intercambiar experiencias de investigación. Todo de la mano de la profesora Marisa Bertolini, que había conocido en Santiago de Chile hace unos años; además de contar con la segura “desvirtualización” de Mauricio Langón, docente que valoro mucho, y que,  para mi satisfacción, visita este blog con frecuencia.

La primera actividad del programa consistió en participar de una clase de filosofía con chicos de entre 15 y 17 años, alumnos del primer curso del Bachillerato Diversificado [1]. Me encontré en la puerta del Liceo nº 28 con Marisa y Gabriela López, la profesora del grupo. Luego se agregaron un alumno del IPA, que venía a realizar su formación práctica como futuro profesor de filosofía, y las profesoras Isabel  González y Janett Tourn, también del IPA.

Tal como nos había anunciado Gabriela antes de comenzar la clase, el grupo iba a realizar una síntesis-repaso de lo trabajado anteriormente. Comenzaron con una pregunta que propuso Gabriela: “¿Qué significa filosofar?”, seguida de otra, alguna vez formulada por Walter Kohan: “¿Será posible enseñar a pensar?” Los estudiantes mostraron una disposición a participar desde el primer momento, y no parecía que nuestra presencia les afectara en absoluto. Un alumno seleccionado entre varios que levantaron la mano, más que responder a las preguntas hizo un comentario sobre la naturaleza de la preguntas misma: “Es como preguntarse si es posible aprender a amar”…

Este nivel meta-reflexivo se mantuvo durante toda la clase. Sentí entonces que las dimensiones más bien estrechas del aula y sus asientos (pupitres pequeños de madera vieja y rallada) se expandían en un espacio brillante, entusiasta, lleno de referencias a autores y a textos filosóficos. Desde mi experiencia como docente que lleva más de 25 años trabajando con grupos de adolescentes en Cataluña ese nivel de participación y de contenidos me parecía excepcional, acostumbrado como estoy a dinámicas mucho más reticentes a las reflexiones abstractas.

En lo que observé y escuché durante esas dos horas de clase posiblemente se estaba poniendo de manifiesto los efectos de un sistema educativo que valora y potencia la presencia de la filosofía  [2] en el currículum del bachillerato. Aunque también pensé que en estas características de la clase que me sorprendían, más allá de los diseños curriculares, también se estaba poniendo en juego la dinámica personal que le imprimía Gabriela al promover un contacto diría físico con los autores y sus textos. No dejaba de subrayar el carácter de “invitados” que le asignaba a los autores, lo cual convertía a los alumnos en sus “anfitriones”, tanto como lo eran de los adultos que ese día compartimos los pupitres. Gabriela escuchaba, sonreía y miraba con ternura; pero también centralizaba de forma radial –al menos durante las clases que presenciamos– su relación con los alumnos.

Una maqueta de la alegoría de la caverna construida por un alumno ocupaba el centro de la mesa de la profesora: hablar de Platón era también construir escenarios, tocar los personajes, señalarles con las manos y mirarlos. Aunque también pensé que esta especial manera de trabajar la filosofía en clase, para bien y para mal, hacía del sujeto docente una figura quizás demasiado imprescindible.

Ya eran las siete de la tarde cuando salíamos del Liceo 28. Un frío húmedo nos enrojecía la piel mientras esperábamos un taxi en el bulevar España del elegante barrio de Pocitos. Nos dirigimos al histórico Instituto de Profesores Artigas donde nos esperaba un grupo de alumnos dispuestos a participar en un taller organizado por Isabel  González,  Janett Tourn y Mónica Planchón para sus alumnos de Didáctica de la Filosofía. Taller que, por otra parte, iba a ser moderado por un profesor desconocido, que aunque argentino venía de España, y sobre un tema que no se sabía muy bien cuál era; lo cual no parecía significar inconveniente alguno para gentes con una idiosincrasia hospitalaria y respetuosa, que, no obstante su experiencia e indudable valía, siempre parecen estar dispuestas a escuchar y aprender.

El tema del taller era “La experiencia de hacer filosofía con alumnos de secundaria”, su finalidad abrir un espacio de intercambio amplio cuyo contenido pudiera concretarse por los propios participantes. Desde el título señalaba pocos límites: la reflexión sería sobre la experiencia más que sobre el currículum, sería además experiencia de docentes (o futuros docentes) compartida con estudiantes que están recorriendo el período vital de su adolescencia. Para ello preparé una presentación de unos veinte minutos, en la que proponía cuatro áreas para reflexionar y debatir, según fuesen los intereses de los participantes.

A continuación podéis ver insertada la presentación, a la cual he agregado después una banda de audio que simula mi exposición, como si fuera en tiempo real. Su preparación me ha permitido realizar una síntesis de las cuestiones sobre las que vengo pensando y escribiendo durante este año y medio de vida que ya tiene Carbonilla, y además aprender a trabajar algunos recursos audiovisuales elementales que desconocía [3]





Luego de la presentación desarrollamos un interesante intercambio sobre diversas cuestiones. Se prestó mayor atención al significado del uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en las clases de filosofía; sus ventajas y sus inconvenientes. Un debate “filosófico”, como correspondía, no tanto sobre su utilización didáctica sino más bien sobre las representaciones ideológicas y prejuicios que la posibilidad de esa utilización genera en los docentes o futuros docentes. También se habló sobre el papel de la investigación en la formación continuada de los docentes de secundaria; la utilización de los textos y la comprensión del pensamiento de sus autores por parte de los alumnos adolescentes. 

Finalizado el taller un grupo de participantes, profesores y estudiantes del Instituto, cenamos en un pequeño y simpático bar de la zona. El programa continuaba el día siguiente con un encuentro con los integrantes de uno de los equipos de investigación que dependen del Instituto de perfeccionamiento y estudios superiores (IPES)

Luego de un par de días soleados, propicios para hacer largos paseos por unas tranquilas calles que, en su mayoría, mueren en este río-mar que es el estuario del Río de la Plata, el frío y una llovizna intermitente me empujó dentro de un taxi, que atravesó el extenso parque Batlle y me llevó hasta la calle Asilo, donde está el Instituto. Ya en el  vestíbulo se acercó alguien que hasta ese momento no había visto nunca, pero que a su vez me resultaba inconfundible: Mauricio Langón, quien con un aire entre juvenil y solemne me preguntaba: “¿puedo serle de alguna ayuda?”. Y luego vino un fuerte abrazo.

Esa tarde vivimos un encuentro lleno de cordialidad, buen humor y, sobre todo, mucha experiencia y riqueza profesional. Además de Mauricio estaban Marisa Berttolini, Isabel González, Mónica Planchón y Janett Tourn -a quien había conocido por una intervención en el grupo Didáctica de filosofía, la cual incorporé como comentario en una entrada de Carbonilla-. También contábamos con la compañía de María Noe Lapoujade, uruguaya de origen y residente en diferentes lugares como México y París, con una larga trayectoria como docente y escritora, que había sido invitada por Mauricio. ¡Vamos, que un equipo de esos que te hacen sentir y decir: “yo aquí me quedo”! Pero lamentablemente nos teníamos que conformar con un recorrido rápido, aunque también intenso, a través de diferentes geografías, intereses y experiencias, también de entusiasmos y desencantos, alrededor de una mesa y un termo con café, sólo interrumpido, de tanto en tanto, por un “enseguida vuelvo”, que quedó luego ya formalizado como –voy al “enseguida vuelvo”–  dicho cada vez que alguien tenía una necesidad de aquellas perentorias e intransferibles.

El equipo de investigación que hoy nos convocaba forma parte del área de investigación impulsada por el Instituto de Perfeccionamiento y Estudios Superiores (IPES), que a su vez promueve unos diez equipos de investigación relacionados con la educación y diferentes didácticas específicas. Se propone trabajar durante un año y medio sobre el tema de la argumentación, desde una perspectiva filosófica e interdisciplinar, y desde la experiencia de dos grupos escolares de Montevideo y Salto, en las asignaturas de Filosofía y Biología.

Comenzamos la reunión haciendo un intercambio de información y experiencias relacionados con los sistemas educativos de España y Uruguay, el papel de la asignatura de Filosofía, la realidad de las aulas, y cómo determinados procesos, como los flujos migratorios, pueden estar presentes en una composición de las aulas diversa y de gran riqueza cultural, como así también compleja y no siempre fácil de gestionar.

Luego de este intercambio sobre las realidades de los participantes, Marisa y Mauricio explicaron la materia de investigación específica del equipo: la argumentación como objeto de aprendizajes en las clases de filosofía. No me resulta fácil reproducir toda la riqueza de un diálogo espontáneo, que permitió aproximarme a temas algo alejados de mis intereses habituales, y que ahora se me presentaban asociados a nuevos interrogantes e inquietudes.

Durante más de dos horas se abordaron cuestiones tales como: la necesidad de salvar la separación entre la argumentación como campo de trabajo en el aula y la experiencia del pensamiento vivido, o bien la de evitar el criterio instrumental (o “retórico”) de la argumentación. La oposición entre la rigidez didáctica de la normativa argumentativa y el enriquecimiento de la narración de la experiencia. La preocupación docente por la corrección argumentativa y la consecuente obturación de la expresión del pensamiento de los estudiantes. También la inquietud sobre las nuevas formas de pensamiento que emergen de las actuales tecnologías de la información y la comunicación. Finalmente se fueron aportando ideas sobre las posibles mediaciones que, respecto de la argumentación, pueden tener las dimensiones estéticas o emocionales de los comportamientos.

Apunto algunas de las referencias que se abordaron a lo largo de la reunión:

Vaz Ferreira, C. Lógica Viva (descargar)

Vaz Ferreira, C. Fermentario (descargar)

Sitios web sobre Vaz Ferreira:

La búsqueda de la verdad: filosofía y ciencias en Carlos Vaz Ferreira

La lógica de las clasificaciones según Carlos Vaz Ferreira.

Frans H. Van Eemeren y Rob Grootendorst , Argumentación, comunicación y falacias. Una perspectiva pragma-dialéctica. Ediciones UC

Sitio web sobre Van Eemeren

Finalizada la reunión no podía faltar una merienda-cena en un bar del barrio, durante la cual los temas se fueron haciendo más personales, incluyendo en mi caso la fantasía de algún día contar a esta ciudad como lugar de residencia. Si el paisaje urbano hacía de esta posibilidad un proyecto atractivo, el entorno humano y profesional que ahora conocía de cerca lo hacía mucho más.


[1]  En Uruguay la  educación media se inicia con un  primer ciclo básico común y obligatorio (CBU), de tres años de duración, que junto a la educación primaria constituyen el bloque de la educación obligatoria.  Cumplido este  ciclo obligatorio el alumno puede optar por proseguir  estudios de nivel medio, cursando el Bachillerato Diversificado  de enseñanza secundaria o la educación técnico-profesional. El bachillerato, segundo ciclo de enseñanza media, comprende tres años y ofrece tres orientaciones básicas (biología, humanística y científica), cada una de las cuales se diversifica en dos opciones en el último curso.

[2]  Durante el primer curso se da una asignatura denominada Filosofía y Crítica a los saberes (4 horas semanales), en el segundo curso de Filosofía (3 horas semanales) durante el segundo año de bachillerato, se profundiza la cuestión del Conocimiento y su articulación con el Lenguaje y la Realidad, y en la filosofía del tercer curso (3 horas semanales) el programa se presenta estructurado en cuatro unidades: Metafísica, Ética, Filosofía Política y, la cuarta unidad varía según las orientaciones, en Estética, Bioética, Filosofía y Derechos Humanos.

[3] Para preparar esta presentación e insertarla en este blog he seguido los siguientes pasos:

  • Construí una presentación normal con Power Point.
  • Una vez finalizada, la guardé como archivo ppt, y luego como archivos de imagen (Guardar como otros formatos/formato archivos JPEG). De esta forma, además de conservar el PP por si quería modificarlo, generé una carpeta con la colección de diapositivas sueltas.
  • Abrí el programa Windows Movie Maker (en Windows: Inicio/Todos los programas/ Windows Movie Maker). Importé las imágenes (selecciones toda la colección y la importé en bloque) y las arrastré a la escala de tiempo de vídeo.
  • Luego abrí el programa “grabadora de sonidos” (en Windows: Inicio/Todos los programas/Accesorios/Entretenimientos/Grabadora de sonidos). Grabé los contenidos de audio que había preparada previamente (en este caso redacté un texto lo más parecido al contenido de la presentación).
  • Importé el archivo de audio al WMM, y lo arrastré a la escala de tiempo de audio).
  • Guardé el proyecto como archivo de película y ¡ya está! ¡Luego de varios días de “ensayo y error” tuve la presentación convertida en un vídeo!
  • Finalmente lo subí a mi cuenta de YouTube e inserté el código correspondiente en este blog.
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2 comentarios leave one →
  1. 10/01/2014 8:15

    Creo que yo soy uno de los que se encontraba en el aula del liceo N°28 aquella tarde de frió. Lo único que quiero decir es que Gabriela Lopez es a una de las mujeres que le agradezco lo que me dio después de mi madre. Tenes el cielo ganado, esa primera clase con usted fue impresionante, me hiciste sentir un vació horrible pero con el tiempo mediante el año lo supiste llenar. Cuando entraba al aula pasaba tan bien que perdía la noción del tiempo, cuando el timbre sonaba me retiraba de la clase sin ganas, y pensaba en como continuaría eso!. Te debo una carta que te prometí y un agradecimiento, espero que esto lo leas en algún momento, fue por el único logar que te encontré.
    PD: Fue un gusto conocer una persona tan maravillosa…

    • gabriela lopez massa permalink
      10/01/2014 13:59

      Gabriel querido…
      Entre lágrimas de agradecimiento, sólo te puedo decir que eso tan hermoso que sentiste y viviste es tan sólo porque tú lo habilitaste. Yo tan sólo les acerco herramientas, dejar que ellas muevan tu hermoso ser es tarea tuya, no mía. Yo también te recuerdo con cariño y con una deuda, no pudiste dar la clase que tanto querías….te pido disculpas, no se dio!
      Otro gracias enorme, con todo mi amor, Gabriela

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