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Lo que pensé durante el EGF10

20/10/2010



Durante el viernes 15 y la mañana del 16 de octubre seguí con atención las conferencias que  nos regalaron –y nunca mejor dicho puesto que la participación fue gratuita- personas de reconocido prestigio en el mundo de las nuevas tecnologías y sus aplicaciones educativas, durante el “Education Global Forum 2010” de Madrid.

Los asistentes presenciales y virtuales pudimos participar copiosamente mediante Twitter. Finalizado el Forum tuvimos el placer de leer diversas crónicas del evento, en especial las muy completas de Linda Castañeda y Aprender a pensar, y las interesantes referencias de Celestino Arteta, Dolors Reig (sobre todo el asertadísimo comentario a esta entrada de “el caparazón”, puesto por Yolanda Juarros Barcenilla, @yolajb), y  Aida Ivars, entre muchas más.

Dada la abundante información disponible no intentaré presentar una crónica más. Con la intención principal de dejar constancia en esta bitácora y sobre todo como ejercicio personal de síntesis, apuntaré a continuación aquellas ideas e impresiones que durante esas apretadísimas horas me fue suscitando lo que allí ocurría.

A lo largo de todas las presentaciones tuve dos sentimientos tan claros como encontrados. Por una parte el entusiasmo, que en algún momento llegó a ser euforia, provocado por discursos estimulantes, innovadores, disruptivos, provocadores. Por la otra, una cierta sensación de lejanía respecto de la realidad concreta que los docentes vivimos cada día en las aulas, con grupos de alumnos adolescentes que en muchos casos ya están llegando a un número de 40, con alrededor de 30 años, como es mi caso, de inmersión y “socialización docente” en un entorno institucional formal y un modelo “industrial” de educación (ver también “Nuestra educación: modelo industrial” o “Una historia de evaluación (calificación)…)

Sentimiento de lejanía que, a pesar de los esfuerzos de los ponentes por ofrecer casos concretos, –recuedo ahora la emocionante historia que Richard Gerver nos contó sobre un niño “autista” y su poema: “soy un niño sencillo al que le gustan las tortugas”– sentimiento de lejanía repito, que quizá sólo podría haberse resuelto con la participación como conferenciantes de docentes cuyos discursos se construyen desde la primera línea escolar y en entornos más próximos.

Pocos días antes de escuchar la conferencia de Marc Prensky había leído un breve artículo suyo (“El papel de la tecnología en la enseñanza y en el aula”, publicado en Educational Technology, Nov-Dic 2008) y del cual reproduzco un breve párrafo:

“Los estudiantes de todo el mundo se resisten al antiguo “paradigma de la lección” con todas sus fuerzas. Cuando sus profesores dictan clase sencillamente bajan la cabeza, envían sms a sus amigos, y, en general, dejan de escuchar. Pero estos mismos estudiantes están ansiosos por usar el tiempo de clase para enseñarse a sí mismos, tal y como hacen después del colegio cuando salen y usan la tecnología para aprender, por sí mismos, sobre lo que sea que les interese. Los estudiantes nos lo dicen, los colegios con éxito (la mayoría concertados) nos lo dicen, e incluso nuestros más exitosos profesores nos lo dicen: la nueva pedagogía funciona.”

No puedo cuestionar el valor de este párrafo en cuanto a la crítica que contiene del “antiguo paradigma de la lección”, y al reconocimiento del indudable efecto motivador que puede tener en los alumnos los aprendizajes autogestionados. Sin embargo, percibo un exceso de optimismo, diría un tanto ingenuo, que se hace patente en las palabras que me he atrevido a resaltar en negrita.

A lo largo de su conferencia fue muy estimulante escuchar ideas tales como que:

  • La educación persigue objetivos definidos por los adultos, y que por general no se escucha ni se siguen los objetivos que pueden tener los niños.
  • Que al estar la escuela al margen de los intereses y las necesidades de los alumnos acaba pareciéndose más bien a una cárcel, organizada de manera rígida y piramidal.
  • Que las cosas que realmente interesan y entusiasman a los alumnos ocurren fuera de la escuela.

Mientras escuchaba esto recordé la antigua paradoja que Platón propone en su diálogo El Menón: ¿Cómo se puede aprender lo que uno ignora totalmente?. De todas las cosas que uno ignora, ¿cómo sabe aquella que tiene que aprender?. Y si pudiera dar con ella, ¿cómo sabe que es precisamente la que buscaba aprender?. El personaje de Sócrates en el Menón podría haber resuelto esta paradoja recurriendo a la autoridad del maestro; sin embargo no lo hace y, en el ejercicio de geometría que propone al esclavo, la disuelve mediante el reconocimiento de un saber propio en el aprendiz, y la capacidad de éste para su recuperación deductiva o reminiscencia.

Se me ocurrió pensar en lo que pasaría si decidiera construir el currículum a trabajar en clase a partir de formular a los alumnos una única pregunta: ¿Qué queréis aprender?, o más general aún ¿Qué queréis hacer? Posiblemente las respuestas recibidas no me orientarían demasiado sobre cómo realizar mi tarea docente.

Soy consciente de que Prensky seguramente no se está refiriendo a una pregunta propuesta por un profesor en particular a un grupo de alumnos determinado; sino que más bien se trataría de una “pregunta institucional”, que en su formulación cuestiona la propia idea de currículum o de escuela tal como hoy lo entendemos.

Ante todo esto no puedo dejar de plantearme la siguiente cuestión: Yo, profesor de carne y hueso, que dentro de un cuarto de hora debo entrar en clase, luego de estar refugiado en mi departamento para no oír la algarabía del patio, que luego de que suene el segundo timbre comenzaré a explicar una lección y ya nadie podrá entrar ni salir del aula hasta que vuelva a sonar el timbre, y cuando esto ocurra los alumnos se levantarán de sus sillas, aunque yo no haya terminado mi explicación, como liberados de una circunstancia en la que no se reconocen y de la que desean liberarse lo antes posible; yo, profesor de a pié, qué me puede suceder cuando pregunte: ¿qué queréis aprender, o qué deseáis hacer?

Ahora cambio de escenario. ¿Y si en lugar de “preguntar”, me propusiera tan sólo “escuchar”?

Preguntar no es lo mismo que escuchar. La pregunta es como una flecha que necesita ser impulsada y sostenida en un determinado contexto. Sólo así puede obtenerse una respuesta. ¿Qué queréis aprender? En realidad es una no-pregunta: resulta prácticamente imposible recibir una respuesta, al menos desde el contexto escolar que se formula. Desde dicho contexto bien se podría pensar que el profe “s’ha begut l’enteniment” como decimos en Catalunya; y que precisamente su función es decidir lo que los alumnos deben aprender o deben hacer, y además los propios alumnos esperan que así sea.

No ocurre lo mismo con la “escucha”. Se trata de una actitud más que de una acción. No necesita sostenerse en ningún contexto. No se dispara en ningún sentido, ni exige respuesta. No dibuja campos de discursos predeterminados. Sólo acoge, genera condiciones, promueve la expresión. Y creo que aquí está la clave, más que preguntar a los alumnos es necesario generar condiciones para que se expresen.

En la realidad cotidiana, tal como se da en las aulas de hoy, pareciera que la única posibilidad de una progresiva modificación real de las experiencias de aprendizajes se diera en la coexistencia de dos órdenes simultáneos y discontinuos: uno es el de las programaciones, los contenidos y las exigencias evaluativas y certificadoras de la Institución; y el otro es el de las experiencias vitales, los ejercicios meta-reflexivos, los acontecimientos imprevistos, los flujos emocionales, la disolución de los tiempos y los espacios prefijados.

En las clases de un docente “explicador” (en el decir de Rancière) la lógica disciplinaria soterra el segundo orden y sólo permite la circulación del primero. En las de aquellos docentes que buscamos nuevas formas de entender los aprendizajes y los entornos educativos, es inevitable la coexistencia y el reconocimiento de ambos órdenes. Coexistencia que suele ser con frecuencia dolorosa y desasosegante, pero que encuentra momentos de reposo cundo se producen intersecciones o treguas en la tensión que inevitablemente entre ambos se establece.

Volviendo a lo anterior, la pregunta pertenecería al primer orden y la escucha al segundo. Paradójicamente los profesores deberíamos de ser capaces de escuchar todo aquello que nuestras preguntas no preguntan. Esta idea ha estado presente en una entrada anterior cuando me refería a la existencia de aquellos intersticios que la educación formal presenta, a menudo a pesar suyo.

Curtis Johnson nos habló en su conferencia de hechos disruptivos como fuente y motor de las innovaciones. Quizás de lo que se trate es de instalar la escucha activa en nuestras clases con la finalidad de generar condiciones para que los instersticios o las disrupciones se amplíen o se generalicen hasta el punto de conseguir, en un futuro quizá lejano, que los muros del aula se derrumben . De momento nos conformaríamos con hacerlos algo más porosos.

Esa mañana pensé en una segunda dificultad surgida de la afirmación propuesta por Prensky referida al impulso irresistible que los adolescentes sienten hacia los aprendizajes cuando se sienten realmente interesados por lo que quieren aprender. Nuestro conferenciante nos habló de la motivación y de la pasión como el combustible que la genera.

Me surgieron entonces algunos interrogantes más: ¿Es posible que la motivación –naturalmente que hablamos de la “motivación intrínseca”, la única que realmente puede generar procesos de aprendizajes efectivos y duraderos– surja de la supuesta pasión que los contenidos de aprendizaje generen en los alumnos? ¿Es legítimo renunciar a aquellos contenidos o habilidades que por sus características no generen demasiado interés o pasión alguna?

También pensé en otras cuestiones: Los aprendizajes suelen exigir un cierto esfuerzo, principalmente si no responden a la satisfacción de alguna necesidad inmediata, o si no se acoplan a un contexto de aficiones personales previamente adquiridas. Por otra parte, los componentes motivacionales pueden ser rápidamente contrarrestados por una actitud que universalmente acompaña a todo esfuerzo y que se suele denominar en Psicología social “resistencia a la tarea”. Naturalmente que toda esta problemática debe ser pensada desde las características específicas del mundo adolescente.

Curiosamente en parte la respuesta a estas cuestiones la encontré en la como siempre entrañable exposición de Eduard Punset, que se desarrolló a continuación. Comenzó citando al iniciador del Pragmatismo: según William James, recibir el reconocimiento de los demás satisface “la ambición más profunda de la naturaleza humana.” Y ofreció una curiosa explicación del fenómeno de los fans juveniles. ¿Qué buscan aprender los jóvenes cuando realizan interminables colas o soportan muchísimas horas de espera para poder ver a sus ídolos? ¿Qué extraño mecanismo se esconde bajo esa identificación que les lleva a vestirse o a compartir pautas de comportamiento, generando auténticas “subculturas” en torno a determinados personajes? Punset responde: en el fondo lo que los jóvenes buscan es averiguar cómo estos personajes llegaron a tener tanto reconocimiento.

En una entrada anterior me refería a la importancia del reconocimiento en la construcción de la identidad personal. [Ideas recogidas de la psicología social, y especialmente de G. H. Mead (Espíritu, persona y sociedad. Paidós, 1965)]. Si a ello le sumamos la importancia que tiene la construcción de la identidad personal durante el período adolescente, podremos llegar a calibrar en su justa medida la importancia del reconocimiento como elemento motivador de los aprendizajes en nuestros jóvenes alumnos.

Prensky puso el acento en la importancia del deseo y el interés, en el papel decisivo de la autogestión de los aprendizajes. Punset completó esta idea centrándose en la idea del reconocimiento. Idea que circuló por Twitter, retuiteada varias veces, y erróneamente atribuida después a Richard Gerver, aunque obviamente su discurso la inspiraba:

En esta reseña no he mencionado a Gareth Mills, Ken Robinson, Carlos Barrabés, Bernardo Hernández, Fernando Rodriguez, Ícaro Moyano (Éste último, fue a mi juicio el más próximo, y con el que me sentí más identificado, especialmente en relación al papel que pueden jugar las redes sociales abiertas en los procesos de aprendizajes. Pero esto ya sería otro tema, relacionado en parte con una entrada que publiqué con anterioridad)

Entre todos supieron crear un buen caldo de cultivo para la generación de nuevas ideas, puesto de manifiesto en una cantidad de comentarios en las redes y en diversos blogs . Seguramente que, de todo lo que se dijo durante y después de este EGF10, continuaremos oyendo hablar durante bastante tiempo.

En lo que a mí respecta, me fue surgiendo una inquietud relacionada con mi trabajo como docente de la materia de filosofía en el bachillerato. Seguramente estamos en las puertas de una vertiginosa transformación de los paradigmas educativos tradicionales. Se trataría de abrir campos de reflexión sobre cómo redefinir el sentido y el significado de nuestras materias en el bachillerato desde perspectivas disruptivas e innovadoras. Es posible que estos nuevos tiempos nos lleven, a veces a pesar nuestro, a dejar de ser especialistas y comenzar a ser más bien artesanos globales, o jardineros de un huerto que no cesa de cambiar.

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23 comentarios leave one →
  1. jlcastilloch permalink
    20/10/2010 19:02

    ¡Hola Alejandro!

    Estoy siguiendo el encuentro en diferido, a través del vídeo que has insertado (el fin de semana me fue imposible y me dio mucha pena no poder compartir con vosotros). Y también se me aparecen los dos sentimientos encontrados que dices. El problema entre el futuro que está ahí y el presente que no llega.

    Me gusta mucho la distinción que haces entre pregunta y escucha. Creo que es la misma que hay entre invitar y ser invitado. Cuando yo invito a otros a mi discurso mental, pregunto. Esa es una actividad muy compleja para el alumnado. Les cuesta resolverla. Cuando tú eres el invitado, escuchas. Y desde la escucha puedes acompañar.

    Yo intento resolver esa cuestión a través de la evaluación (este párrafo intenta ser el puente entre el futuro y el presente, jejeje…). Les propongo que sean ellos y ellas (creo que esto ya lo hemos hablado en alguna ocasión anterior) los que formulen las preguntas que los evaluarán (aunque con ciertas características: nada de recordar, comprender, definir; todo de usar-crear-comunicar-opinar-analizar-resolver…). Y son individuales. Eso sí, conservo el factor sorpresa en el día que le pondré el examen a cada uno. Para evitar memorización, más bien…

    De este modo, yo soy el invitado y tengo que escuchar su evaluación. Durante el proceso de creación puedo orientar, claro. Y sigo escuchando. De ese modo, la pregunta se coloca en otro lugar. Nunca en el inicio. Y la pregunta, como algo suscitado por la escucha, puede traer esos conocimientos que hacen falta.

    Eso sí, no he detectado nada que les resulte árido, penoso, indeseable de aprender. Todavía no. Y está siendo toda una sorpresa…

    En fin, que trataba de tocar en este comentario las dos cuestiones que más me llegan de entre las que te he leído. El problema de traer el presente al futuro y la transición de la pregunta a la escucha.

    Y es que me encanta cómo lo has formulado… 🙂 Me preocupa coincidir tanto, jejejeje… 😉

    • 20/10/2010 19:34

      Hola José Luís.

      Gracias por tu comentario, sinceramente pienso que enriquece mucho la entrada al relacionar un aspecto que no se me había ocurrido: el tema de la escucha en relación a la evaluación.

      Me sorprende la manera que propones tu reflexión, directamente desde tu experiencia en el aula, y tan luego, experiencia de un profe de ciencia!! 😉

      En cuanto al problema de “traer el presente al futuro”, yo diría que el presente de nuestras aulas es una mezcla de pasado y de futuro. Las opciones son dos: quedarse sólo con el pasado (modelo tradicional), o aprender a convivir por un tiempo que no creo que sea breve con la mezcla de ambos (es lo que decía de los dos órdenes simultáneos y discontinuos). Porque quedarnos sólo con el futuro, aparte de ser inviable, se corre el riesgo de caer por ejemplo en una mitificación de las nuevas tecnologías y los “nuevos paradigmas” y darse de bruces con una realidad que muchas veces va por otros lados.

      Me gusta mucho la distinción que haces entre invitar y ser invitados. Si no te importa me la llevo :-))

      Un abrazo

      Alejandro

  2. vicent permalink
    20/10/2010 19:36

    Qué reconfortante es leerte. Aprendo mucho contigo. Gracias.

    • 20/10/2010 20:09

      Gracias a tí Vicent.

      Siempre recuerdo un frase que escribiste hace un tiempo: decías algo así como que no tenías un blog porque tu blog era el de todos los demás. Me pareció de una gran generosidad.

      Por supuesto deseo que consideres también Carbonilla como tuyo. Sobre todo desde que cuenta con una sala de invitados. ;-))

      • jlcastilloch permalink
        20/10/2010 20:28

        Pero se le puede seguir en http://vps8.pbworks.com/ jejejeje… como si fuera un blog! 🙂 Y mejor, que ahí no cuenta, ahí hace. E inspira… 🙂

  3. 20/10/2010 21:04

    Es verdad. ¡Qué bueno, Vicent!

  4. 20/10/2010 21:20

    Además de coincidir contigo en muchos de los planteamientos, me he encontrado sonriendo al rememorar (muchos años atrás) las clases de filosofía de COU, para mi fue una asignatura apasionante que me abrió todo un mundo de pensamientos diferentes, pero sobre todos en la que se me dio la oportunidad de pensar, de hablar, y de “DISENTIR” sin que surgieran problemas e incluso siendo aplaudida por ello.
    Por eso cuando haces referencia al reconocimiento, sigo sonriendo, pienso en mi hija adolescente en cuarto de la ESO y pienso que a veces todo es más sencillo de lo que parece incluso dentro de su complejidad. El reconocimiento de los cantantes equivale a que los sigan, los quieran, se interesen por su vida, y a veces que la gente cercana e importante (no olvidemos que los docentes lo somos) se interese por ti, te conozca, te valore, te quiera, es el mejor de los mecanismos para pedirles después ese esfuerzo por aprender.
    Recuerdo una compañera de infantil que tenia un alumno con una situación familiar muy dura, al que pegaban en casa con frecuencia porque “era un cafre” y al que ella se empeñó en convencer de que pegando no se lograban las cosas, un día, como muchos otros, en que hizo UNA PEQUEÑA COSA BIEN y ella lo abrazó efusivamente, él le preguntó:
    – maestra, no lo entiendo ¿tú por qué me quieres?
    Yo que he trabajado en un entorno duro con la llegada masiva de un porcentaje elevado de alumnado inmigrante te podría contar muchos casos de niñas y niños en los que su éxito escolar ha estado ligado al respeto, al cariño y a las buenas expectativas de grandes profesionales y cómo esos mismos niños o niñas se han hundido al entrar en contacto con gente que no tiene ningún tipo de contacto emocional con el alumnado (por no usar calificativos fuertes).
    En cuanto a dejar que decidan que aprender coincido contigo en que corremos el riesgo de que no quieran saber sobre aquello que no conocen.
    Entiendo desde mi experiencia de maestra que ha dejado un amplio poder de decisión a su alumnado que no es lo mismo ¿que quieres aprender? que ¿que queremos aprender? en la segunda pregunta yo soy parte del grupo que opina, aporta y argumenta sobre qué es importante aprender.
    Recuerdo una compañera de 5º de primaria que empezó el curso leyendo con su alumnado el currículo oficial en el BOJA, para ver como organizaban el curso y que proyectos iban a abordar y sobre qué iban a investigar.
    Pero el contar con ellas y ellos va muchiiiiiiiisimo más allá de qué quieren aprender. Está en decidir de forma conjunta cómo se aprende mejor, en vivir con ellos los procesos y en evaluarlos al final no para poner nota sino para mejorarlos a la vez siguiente.
    Claro que a participar, a organizar, a seguir procesos se aprende y se ENSEÑA y las alumnas y alumnos llegan a la universidad sin haber vivido procesos de construcción de conocimiento acompañados.
    Recuerdo un grupo que yo dejé en 4º de primaria y pasó a 5º con un maestro de libro de texto y uno en uno (muy buena persona el hombre), cerca de navidad me dicen:
    – maestra ayúdanos a preparar un teatro.
    yo le dije que no podía sin contar con su maestro y entonces me dicen:
    -No te preocupes, si no es en la clase, si ya lo hemos hecho todo: hemos ido a la biblioteca municipal, hemos sacado los libros de teatro, nos hemos repartido las lecturas, hemos decidido cual nos gusta, hemos hecho fotocopias, hemos repartido los personajes y ya hemos decidido cómo va a ser el escenario y ensayamos en los recreos.
    Yo les pregunté, ¿para qué me necesitáis entonces? y me dijeron:
    Es que a veces cuando nos decimos cómo hacerlo mejor no nos ponemos de acuerdo y acabamos peleando.
    Aún me emociono al recordarlo, era un proceso que habíamos hecho en el aula todos esos años atrás y como ya no lo tenían lo habían incorporado a su tiempo de ocio sin ayuda de nadie.
    Por supuesto, pedí permiso a mi compañero y dediqué los recreos a esa obra maravillosa.
    La autogestión, la autonomía, el espíritu crítico se aprende solo si se ejercita y nosotros no tenemos en nuestras escuelas esos espacios, pero cuando se crean es apasionante las cosas que suceden.
    Una campaña publicitaria para mantener limpio el patio y dejarlos decidir como “embellecerlo” cambia de forma radical el cuidado y aspecto de un patio escolar y el uso que se hace de él.
    No se si pensarás como mucha gente de secundaria me dice, que eso se puede con pequeños, pero hay mucha gente que piensa que no se puede con pequeños. Quienes lo hemos vivido, sabemos que se puede, que ellas y ellos pueden y que somos nosotros los que no podemos ¿por qué? por muchas razones pero me apunto a una solución que apuntas a modo de duda:
    “Es posible que estos nuevos tiempos nos lleven, a veces a pesar nuestro, a dejar de ser especialistas y comenzar a ser más bien artesanos globales, o jardineros de un huerto que no cesa de cambiar”
    La educación obligatoria tiene un exceso de ESPECIALISTAS.
    Pues lo dejo ya y que me encanta leerte.

    • 20/10/2010 21:47

      Tengo la impresión de que lo que yo digo con ideas tu consigues traducirlo con experiencia vivida, como madre, maestra y aprendiza de bruja 🙂 Gracias Carmenca.
      Alejandro

  5. 21/10/2010 0:01

    Es casi la una de la madrugada. Debería haberme ido a dormir hace rato pero me puse a leerte, y a leerte … y aquí sigo. Mi admiración por tus capacidades y mi agradecimiento por tu estilo al compartirlas.

    • 21/10/2010 10:39

      Gracias Yolanda por esos minutos robados al sueño. Algo parecido me pasó a mí con tu blog “Educarueca“, que ya tengo apuntado en Reader dentro de la carpeta Orientación. Muy bueno!
      Un saludo
      Alejandro

  6. Aida Ivars permalink
    21/10/2010 12:02

    Hola Alejandro,

    Es un placer leerte y leer los comentarios de Jose Luis, Vicente, Carmenca y Yolanda.

    La reacción que tuviste al escuchar a Marc Prensky creo que la tuvimos mucha gente: yo también pensé que tampoco todo puede quedar en los intereses del alumnado, porque se estarían perdiendo cosas muy interesantes. Me encanta todo lo que cuenta Carmenca, y expresa una pregunta que es clave “¿que queremos aprender?” Con esta frase tenemos muchas ideas resueltas: nos preguntamos cosas juntos, queremos cosas juntos y aprendemos juntos. Es una pena que en el currículo no se nos incluya a los profesores en el proceso de aprender. Porque si hacemos bien nuestro trabajo, estaremos aprendiendo mucho. Y la “autoevaluación del proceso de enseñanza” no expresa esa necesidad de aprender que tenemos los profesores que amamos nuestro trabajo.

    Lo que sí es cierto es que no se suelen tener en cuenta los intereses de los alumnos en las clases y esto es algo que debemos cambiar. Me ha encantado ver que Jose Luis ha dejado un comentario, porque mientras te leía pensaba en él, porque con su forma de trabajar consigue dar libertad a los alumnos, les permite explorar aquello que les interese, y a la vez no pierde de vista el currículo. En su blog de tutor cuenta cómo trabaja en el aula y lo que hace puede ser interesante para muchos docentes. Supongo que ya lo conocerás, pero por si alguien más lee este comentario aquí lo dejo: http://profeblog.es/blog/blogdetutor/

    Coincido con Vicente y con Yolanda: es muy reconfortante y gratificante leerte,
    Un abrazo.

    • 21/10/2010 13:08

      Gracias Aida por tu comentario.

      Los otros días puse en Twitter una frase que se me ocurrió de madrugada, un día de aquellos que padezco insomnio matinal: “Mejor se enseña cuando sobre todo se busca aprender”. Nadie me hizo demasiado caso, seguramente porque no estaba diciendo ninguna genialidad demasiado original.

      Ahora que leo tu comentario pienso (siento) dos cosas:
      . La importancia de reconocer la experiencia de aprendizaje que los profes vivimos en la realización de nuestra tarea docente.
      . El estar viviendo, a través de estos blogs, de Twitter y de los encuentros presenciales, una suerte de comunidad de aprendizaje que nos nutre, nos sostiene y da sentido a nuestro trabajo.

      Gracias nuevamente

      Un abrazo
      Alejandro

  7. 21/10/2010 14:04

    Parece que en este blog los visitantes nos sentimos invitados, y como invitados nos encontramos tan cómodos, que no nos restringimos a la sala sino que deambulamos conversando por todas partes, como si estuviéramos en casa! ¿Será que ese sugestivo sillón vacío representa la actitud de escucha y de reconocimiento del otro que transmite nuestro anfitrión ;)? Bueno, sea como sea, me siento en la libertad de decir “permiiiiso…” y sumarme a la interesante tertulia – lástima no tener mate-.

    La pregunta del video “cómo podemos enseñar lo que no sabemos” es innegablemente movilizadora, pero no me deja tranquila. Antes de la pregunta se dice en el video que desconocemos las profesiones del futuro. Y la cercanía de esa afirmación, a mi juicio, connota el sentido de la pregunta y orienta la posible respuesta. Estamos focalizando en una formación laboral, más específicamente, preocupándonos por los perfiles laborales que no conocemos. ¿Será que ese es el problema más relevante? ¿Es ese el problema principal sentido por los profesores, alumnos y padres?

    Otra forma de interpretar esa pregunta para mí podría ser: si los desafíos del futuro son complejos e inciertos – y en buena parte consecuencia de no haber sabido hacer mejor las cosas en el pasado y en el presente- , entonces, ¿cómo podemos preparar a nuestros chicos para el futuro? ¿Cómo podemos enseñar lo que no sabemos? A mí, como madre, ciudadana y profesional de la educación me moviliza más esa interpretación de la pregunta.

    Desde esa óptica la mirada al futuro es menos tecnológica y más política y filosófica. Y la mirada del presente encuentra esos “intersticios” por dónde operar. Porque si lo que no sabemos tiene que ver con no haber sabido hacerlo mejor, también es verdad que del fracaso y de los intentos se aprende, y ese aprendizaje y esa experiencia es un bien que no podemos, ni imponer, ni negar al otro. (Mmm estoy muy abstracta…)

    Me encantó todo el post y la riqueza de los comentarios! Daría para hablar de cada cosa, pero no quiero extenderme tanto. Solo mencionaré a modo de títulos:
    – el hecho de que Platón no tuviera idea de cuáles serían las profesiones del siglo XXI no impide que siga enseñándonos cosas que necesitamos saber – y que agradezcamos tener alguien que nos las haga descubrir-.
    – la escucha activa, el reconocimiento, el ponernos en el rol de invitados comprometidos, son cosas valiosas que sabemos que vale la pena enseñar, o aprender, y que podemos deducir que son claves para construir la mejor sociedad que hasta ahora no logramos, y para manejarnos en tiempos de incertidumbre y complejidad.

    Bueno, lo dejo acá. Un cordial saludo para todos y un Gracias enorme a Alejandro, por este hermoso post.

    Estela

    • 21/10/2010 15:06

      Pase Ud. y siéntase como en casa. Si lo que hace falta es un mate ya mismo me pongo a cebar uno! 😀

      Gracias Estela por señalar un aspecto que, aunque estaba en el frontispicio de la entrada (el vídeo del comienzo), creo que aún nadie había reparado en el mismo.

      Me refiero a las dos frases del vídeo:
      . Cinco de cada cuatro niños trabajarán en profesiones que aún no existen.
      . ¿Cómo podemos enseñar para lo que no conocemos?

      Frases que nos llevan al problema central del sentido y la función de la institución educativa. Y que creo esconden una concepción que no deja de tener un sesgo tecnologicista: lo importante es preparar a los alumnos para los retos de un futuro, entendido sobre todo como futuro profesional y productivo.

      Es el famoso tema de la concepción “competencial” de la educación que, aunque significó un avance en relación al academicismo que sólo transmitía contenidos, creo que se queda cojo al no centrarse en la formación de las personas en su dimensión social, ética y emocional (a pesar de que pueda hacerse alguna mención de ella)

      En otra entrada me refería a la distinción aristotélica entre techné y phronesis. Decía entonces:

      “El concepto de competencia está estrechamente vinculado al de acción. Se trataría de aprender a hacer, de adquirir destrezas para poder dar respuestas eficaces a las exigencias del medio. Es consecuente con una racionalidad tecnológica que prima la eficacia sobre la excelencia o la virtud (areté). Se correspondería con aquella distinción aristotélica entre las ideas de techné y phronesis que sirviera a Elliot y Stenhouse para describir la tecnologización de la enseñanza.”

      El tema del sentido y la función de la escuela queda abierto. Ahora sólo señalo una maravillosa entrada de Jaime Olmos “Ayer tuve un sueño” en su blog Passet a passet. Un ejemplo claro de cómo los sueños de un docente pueden expresar esa idea de virtud tal como la entendían los antiguos.

      Seguimos por aquí. Un abrazo.

      Alejandro

  8. 21/10/2010 20:55

    Leer tu artículo y recorrer cada uno de los enlaces que propones es una buena terapia sustitutiva a no haber podido asistir al Encuentro, por cierto andaba con José Luis Castillo debatiendo estos mismos temas pero en un foro muy diferente al que se encontraba en Madrid (presencialmente o virtualmente).

    Tengo dos claras certezas en todo este cambio de paradigma que nos proponen desde este tipo de foros y que tan magníficamente has recogido en tu post:

    1. nuestra responsabilidad en la educación emocional del alumnado (algo que olvidamos los de secundaria pero que los de primaria y, sobre todo, infantil lo llevan a la práctica diariamente), no solo como parte del currículo oculto sino como metodología para ‘conquistar’ a nuestro alumnado.

    2. que hay una inmensa mayoría de profesorado, no ya abrumado por las tecnologías, sino más bien en la posición del asalariado acomodado que se limita a seguir el manual y que no quiere más que soluciones prácticas, lo de ‘aprender a aprender’ y ‘gestionar sus propios aprendizajes’ está ya en un discurso que pertenece a otro planeta.

    Estas dos certezas se resumen en una clara convicción: no podemos tirar la toalla.

    Un abrazo.

    • 21/10/2010 22:16

      Comparto tus dos certezas, y seguramente tu convicción final.

      Observo con un cierto escepticismo que todos aquellos que de una forma u otra estamos conectados con el mundo de la educación vivimos dos situaciones posibles: nos convertimos en divulgadores de la innovación educativa, pero desde púlpitos lejanos de la realidad de las clases, o, como tu dices, estamos a pie de aula pero desarrollando estrategias de supervivencia.

      Quizá el docente con capacidad de innovación no sea tanto aquel que consigue “estar a la última”, como aquel que reconoce esa suerte de desgarro interno entre la inercia de las viejas prácticas y esa ventada de nuevos tiempos que nos sacude y no nos permite disfrutar de esa posición de asalariado acomodado.

      En fin, todo un tema suscitado en mi por tu comentario: el de la relación entre nuestra situación profesional y las necesidades de cambiar que un nuevo mundo nos impone.

      Gracias David. Nos seguimos leyendo y comunicando.

      Un abrazo

      Alejandro

  9. 22/10/2010 9:16

    Me sumo a los “homenajes”. Casi me quedé sin respiración leyendo esta entrada, me sombra tu capacidad de sintesis. Gracias de nuevo.

    Josu

  10. 08/03/2013 0:50

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  11. 09/06/2013 6:00

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