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La acción docente, y IV: Supervivencia y distribución de hegemonías.

22/08/2010

Releyendo un texto de P. Woods (La escuela por dentro. La etnografía en la investigación educativa, Barcelona: Paidós, 1986) me encuentro con la idea de “supervivencia” que, relacionada con la de “control”, me sugieren nuevas maneras de interpretar la superestructuralidad del discurso y la práctica docente, valorar sus efectos y pensar en posibles orientaciones para su transformación. Woods nos cuenta:

…observé una serie de lecciones de ciencia en las que el maestro, un miembro mayor y muy experimentado del equipo, apelaba a una práctica de dos tiempos, a través de todos los procesos de enseñanza, con aparatos, la realización de un experimento, la extracción de conclusiones, la demostración de su importancia en la industria y su adecuación al interés de los alumnos, todo lo cual le cogía unos ochenta minutos… Era una lección modelo en muchos sentidos excepto en uno: que ningún alumno escuchaba, y era evidente que el maestro sabía que no escuchaban. Normalmente, me parecía, los maestros amonestaban a los alumnos, les pedían atención, pero éste se limitaba a enseñar. La única vez que el maestro y la clase se reunieron fue en los diez últimos minutos de la lección, cuando, por consenso, y en casi total silencio, el maestro o bien escribía observaciones en la pizarra, o las dictaba y los alumnos las escribían en sus cuadernos de ejercicios, para su registro.

… Respecto de la cuestión etnográfica básica (“¿Qué es lo que ocurre aquí?”), me pareció que los maestros, en muchos casos, no enseñaban, sino que más bien “sobrevivían”.

Ante la afirmación de Woods nos podemos preguntar: ¿sobrevivir como qué?, puesto que, salvo en situaciones extremas, obviamente no se trata de supervivencia física. Se trataría más bien de sobrevivir justamente como docentes. Al indicar Woods la primacía de ello sobre la función docente específica se está refiriendo precisamente al rasgo principal de toda superestructura que, como ya señalé en una entrada anterior, es actuar en función de su propia existencia y legitimidad.

¿Es esto cuestionable? En cierta medida considero que no lo es. Creo totalmente legítimo que el profesor o la profesora procuren mantener su posición; en ello se juega, en definitiva, su identidad, y también la posibilidad de ejercer su función. El problema está en cómo lo consigue, que estrategias desarrolla y cuáles son las implicaciones reales de estas estrategias.

Pensando en la idea de “supervivencia” me sobreviene la de “control”. Si deseo mantener mi papel necesariamente he de controlar la situación, se trata en definitiva de una cuestión de hegemonías. En la base de la hegemonía docente parece haber un  conflicto principal que se desarrolla en el aula. La situación del alumno dista mucho de ser la del autodidacta motivado, el cual acude a una fuente de información para adquirir determinados conocimientos. Los procesos de aprendizaje suelen requerir un cierto esfuerzo y, por muy interesados que los alumnos estén en ellos, sobre todo si se trata de alumnos adolescentes, siempre habrá una cierta resistencia a la realización de la tarea, algún momento de fatiga o de distracción.

El docente para sobrevivir como tal debe mantener el control frente a un grupo de jóvenes que se resisten a un inevitable orden de trabajo. Tres conceptos –supervivencia, control y resistencia–, que, según como se articulen, producirán un resultado u otro en la práctica docente. Habría una retroalimentación positiva entre la supervivencia y el control por un lado, y la resistencia por el otro. Cuánto más se prioricen las estrategias de supervivencia y de control respecto de los procesos reales de aprendizaje, mayor será el desarrollo de estrategias de resistencia en el alumnado. Y el incremento de las resistencias –que pueden ir desde la indiferencia hasta una situación de indisciplina en términos de guerra declarada– provoca la necesidad, a veces angustiosa, de aumentar los mecanismos de control. Una espiral que si no se interrumpe mediante una cambio profundo de estrategia –posibilidad no siempre fácil de realizar–, una negociación, o una medida disciplinaria “ejemplificadora”, puede llevar a situaciones que, aunque casi insostenibles, no dejan de ser por ello menos frecuentes (y si no repárese en las bajas por estrés, las solicitudes de comisiones de servicio, las reclamaciones de los padres en el Consejo Escolar, etc.)

¿En qué estrategias alternativas se podría pensar? Todo el mundo sabe que el remedio más eficaz para reducir la resistencia de los alumnos al aprendizaje es desarrollando recursos motivacionales. Esto exige un trabajo constante en la preparación de las clases, una buena dosis de imaginación, una predisposición positiva hacia el trabajo y hacia los alumnos, que garantice un buen clima en el aula. Sin embargo, a pesar de que podamos poner toda nuestra profesionalidad y energía vital en el desarrollo de clases amenas, no necesariamente estamos produciendo un cambio cualitativo en nuestra práctica. Los recursos motivacionales no están puestos en función del aprendizaje sino de la permanencia del control. Seríamos superestructuras divertidas, pero superestructuras al fin.

La otra posibilidad sería atacar directamente la cuestión del control. Un profesor o una profesora, ante una clase de treinta y cinco alumnos puede decidir reservarse en exclusiva para sí misma la gestión del control y la toma de decisiones; o bien, por el contrario, establecer formas de distribución de la hegemonía y la participación con los alumnos. La primera es la más fácil y la más generalizada. La segunda sencillamente produce vértigo, normalmente no se sabe cómo realizarla, no siempre resulta exitosa, y cuando esto pasa las consecuencias suelen ser desastrosas. Pero guste o no, y a pesar de los riesgos que conlleva, es la única que permite superar la superestructuralidad de la práctica docente, asegurando la primacía de los procesos de enseñanza-aprendizaje. Es un modelo dinámico, que exige aceptar y convivir con el conflicto, lo que requiere a su vez un considerable equilibrio emocional, un buen nivel de profesionalidad (formación en la materia y en la utilización de recursos didácticos), una renuncia permanente a las inclinaciones narcisistas, es decir, la subordinación como finalidades secundarias del reconocimiento intelectual o afectivo.

Esta propuesta de transformación de las perspectivas didácticas y discursivas docentes, consistente en la distribución de la gestión del control y la participación, va en la línea de la democratización de las dinámicas pedagógicas en clase: primar el aprendizaje de competencias tales como el diálogo, el trabajo cooperativo, la investigación compartida; promover formas de interrelación en red y evitar en lo posible la centralidad radial de los docentes, procurar redefinir el rol docente cada vez más como una posición no transmisiva sino posibilitadora de experiencias.

Todo lo hasta aquí propuesto procura representar tan sólo un marco de orientación, y como tal tener tan sólo una función regulativa que permita abrir vías para la reflexión y la revisión de la tarea en el aula.

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5 comentarios leave one →
  1. 26/08/2010 1:15

    Yo no lo llamaría supervivencia, ya que para mi este término indica un casi nulo control sobre las condiciones que te estan ahogando.
    Creo que en educación quienes “enseñan” tienen muchas herramientas para salir a flote, pero tienen que moverse y en algunos casos se conforman “con hacerse el muerto” a ver si mientras tanto llega pronto el barco salvavidas de las vacaciones o el mejor de todos “la jubilación”.
    ¿Cómo puede entenderse que las personas que se dedican a formar a otras apenas dediquen tiempo a su propia formación?
    ¿Cómo admitir que en una profesión en la que la lectura es una herramienta básica sus profesionales apenas hagan lecturas profesionales?
    Se trata de admitir que no sabemos hacerlo, que la formación que nos dieron fue pésima, que el sistema de acceso es una broma macabra, pero que como recibimos un sueldo por nuestro trabajo tenemos la obligación moral de buscar ayudas, alternativas, cooperación, correr riesgos, hacer pruebas y sobre todo no sentir que lo hacemos bien mientras quede una sola criatura a la que podamos ayudar a mejorar.
    Es muy dificil ser demócrata cuando se tiene el poder, gobernando un aula se nos olvidan muy facilmente las reglas del juego.

    • 27/08/2010 16:41

      Estoy muy de acuerdo con todo lo que dices Carmen.

      Me permito apuntar ahora algunas ideas que me surgieron a partir de la lectura de tu comentario, y también de la visita que he realizado a tu blog, estupendo por cierto.

      Se me ha ocurrido que más que cursos o lecturas (que tampoco sobran) lo que necesitamos es convertirnos en “aprendices de brujas”. ¿Y esto cómo se hace? Pues buscando quizá en nuestra propia experiencia docente un saber que no somos muy conscientes de tener, incluso en aquella que aparentemente sólo nos ha permitido sobrevivir.

      Es que quizá sobrevivir no sea tan malo, que no signifique tan sólo “hacer el muerto” (me encantó el símil, tan apropiado para la época), sino que, por el contrario, pueda llegar a ser fuente de saber, aunque tan sólo para hacer consciente estrategias cristalizadas, algunas acertadas otras no tanto.

      Revindicaría la tradición docente -el saber práctico que atesora un colectivo y que es capaz de transmitir y de revisar-, como las brujas o los artesanos, que seguramente no tienen muchas escuelas ni manuales.

      Para ello sería necesario transformar el entorno, las relaciones, los recursos, las condiciones en las que estamos sumergidos durante el día a día escolar. Un entorno de aprendizaje (como se ha dicho tantas veces) que posibilite una relación entre docentes favorecedora del buen clima, del intercambio y la reflexión crítica. Circunstancia que lamentablemente creo que no es muy frecuente en nuestros claustros.

  2. 29/08/2010 19:34

    Ni yo lo hubiese expresado mejor jajajaja!!!!!!!
    estoy totalmente de acuerdo contigo.
    Eso que suena tan rimbombante como es la “reflexión sobre la acción” y que no es ni más ni menos que compartir penas y alegrías dificultades y proezas con las compañeras y compañeros.
    Por supuesto, de acuerdo en que un poco de “brujería”, no nos vendría mal.

  3. 07/09/2010 20:55

    Hola Alejandro, no quería dejar de pasar esta serie de artículos sin hacer algún comentario. Me ha parecido una exposición excelente,¡ magristral!, sobre la problematica del docente, su posición y su rol en el actual sistema educativo. Creo que está todo perfectamente analizado y descrito. Enhorabuena otra vez. Espero poder hacer, con tiempo, alguna reseña en mi blog.
    Un saludo
    Josu Uztarroz

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