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El Instituto como “entorno”: más sobre educación formal e informal

27/07/2010

El pasado viernes 16 de julio Emilio Urbina, amigo y reciente colaborador en la Sala de Invitados,  me acompañó al aeropuerto donde debía tomar el vuelo que me trajo a la Argentina, e iniciar así mi acostumbrado viaje familiar, que cada año realizo durante las vacaciones escolares.

Luego de despachar el equipaje nos dispusimos a ocupar el tiempo de espera hasta el embarque almorzando y, como suele ser habitual con mi amigo, con una charla sobre cuestiones diversas, especialmente relacionadas con el trabajo docente, el mundo adolescente de los alumnos, la filosofía, nuestras respectivas peripecias emocionales,  o la vida en general. En fin, como siempre, un auténtico disfrute de la amistad y las aficiones compartidas.

Surgió una conversación sobre el blog que José Antonio Marina mantiene en Internet y, especialmente, sobre la idea que este profesor defiende respecto de la necesidad de agregar a las ocho competencias de Boloña una novena, que consistiría en la capacidad de desarrollar destrezas referidas al ejercicio del pensamiento reflexivo, al aprendizaje de la propia actividad del pensar; una competencia, en fin, estrechamente relacionada con la Filosofía.

Comentábamos entonces el contenido de la intervención de José Antonio Marina en la presentación del proyecto de la Fundación SM Aprender a Pensar, que tuvo lugar en Zaragoza, Madrid y Sevilla durante los meses de noviembre y diciembre de 2009. Esta conferencia está en YouTube fragmentada en tres partes, y en nuestra conversación rescatamos especialmente una idea propuesta en la primera: “más que los profesores, es el sistema educativo el que enseña, y más concretamente los centros”.

Esta afirmación podría ser interpretada de dos maneras. Cuando decimos que el que enseña es el Centro podemos estar pensando en sus supuestos estándares de calidad institucional (formación académica del profesorado, equipamiento tecnológico, eficiencia de los equipos de gestión, sistemas coherentes de evaluación, coordinación interdisciplinar de la actividad académica de las diferentes áreas) La implicación lógica de esta perspectiva es poner el acento en la calidad de los aspectos formales de la educación.

Pero también, la expresión “el que enseña es el Centro” podría estar resignificando la institución educativa como “entorno de aprendizaje”, es decir, como red de interconexiones, en la cual se tejen experiencias y aprendizajes informales. Espacio de resultados emergentes, en los márgenes, o complementariamente, o incluso de manera conflictiva respecto de los currículos, políticas de gestión y normativas oficiales.

El primer significado contiene una concepción vertical, dirigista, rígida e institucional de la educación; la segunda, por el contrario, una posición orgánica, vitalista, horizontal y receptiva. El Centro, entendido como sistema orgánico, es el que enseña en la medida que es donde se dan las condiciones para que se desarrolle un determinado entramado de conexiones. Desde una perspectiva “conectivista”, el aspecto medular de los aprendizajes está precisamente en la naturaleza de esas conexiones; las cuales, por otra parte, se desarrollan no sólo para transmitir información o procedimientos cognitivos, sino también (y sobre todo) experiencias vitales (emocionales y éticas).

En este entramado de interconexiones participan profesores y alumnos, además de los vínculos que el Centro puede establecer con las familias y los entornos más próximos como el barrio o la ciudad. Las tecnologías de la comunicación permiten extender este entramado conectivo más allá de los muros del centro, posibilitando convertirlos en fronteras porosas, proclives al intercambio con realidades contextuales cada vez más amplias.

En la mencionada conferencia, Marina da cuenta de dos ideas relacionadas con lo anterior: el carácter “emergente” de los resultados, y la naturaleza social de lo que el sistema produce, entendido como “inteligencia colectiva”.

El pensamiento “emergentista”, paradigma explicativo de las transformaciones, tanto del mundo natural como del humano o social, tiene una larga historia. De manera resumida se puede decir que la idea de “emergencia” excluye de los modelos explicativos del cambio la agregación cuantitativa de materiales o de factores, y las relaciones de causalidad eficiente. Las transformaciones efectivas tienen más que ver con las formas de interconexión de los elementos que conforman un sistema (su configuración dinámica) que con los itinerarios lineales, programados de antemano para conseguir determinados objetivos. Los resultados “emergen”, no son “causados”. Las realidades emergentes sólo pueden ser comprendidas desde un plus de configuración que da nuevos sentidos a la suma de las partes. (Enunciado clásico del “emergentismo”: el todo es más que la suma de las parte).

Desde esta perspectiva, el esfuerzo por aumentar la calidad educativa estaría puesto en enriquecer las interconexiones que se promueven en los procesos, y aumentar así las condiciones de posibilidad para que “emerjan” fenómenos nuevos, más que en dotar de recursos externos y controlar el cumplimiento de determinados programas en relación a la consecución de objetivos predeterminados.

Por otra parte, el constructo “inteligencia colectiva”, especialmente recuperado desde el desarrollo de las nuevas formas de comunicación, promovidas por la web2.0, complementa la comentada idea de emergencia. Si la realidad de los procesos educativos sólo puede ser entendida como complejas interconexiones que desbordan los programas y los reglamentos, también tendrán que concebirse los resultados como productos sociales, con autorías compartidas y reconocimientos solidarios.

En la conversación con Emilio, esta observación acerca de los aprendizajes entendidos como resultado que emergen de determinados “entornos”, y al propio Instituto como una realidad contextual definitiva, nos llevó a pensar en la distinción entre “aprendizajes formales” y “aprendizajes informales”. Distinción ya señalada con anterioridad en este blog, y que se vuelve a plantear con muchísima frecuencia y profundidad renovada, a partir de la generalización de las TIC en los ámbitos educativos durante estos últimos años.

Estas nuevas tecnologías han generado condiciones inéditas para el reconocimiento del significado y la importancia de los procesos informales de aprendizajes. También han puesto en crisis el conjunto de “intermediaciones” que sostienen a los aprendizajes formales. Y finalmente han puesto en evidencia de manera sorprendente que los aprendizajes informales no ocupan un espacio necesariamente separado de las dinámicas formales, sino que se entremezclan, las inundan y también las mediatizan.

El 14 de julio formulé una pregunta en Twitter: ¿Sería posible hablar de educación informal si no existiera la educación informal? Lo hice con una sospecha subyacente: ¿los nuevos discursos pedagógicos no estarán absolutizando el valor del carácter informal de los aprendizajes? O dicho de otra manera, ¿la propia idea de “aprendizaje informal” no será quizá una segregación discursiva, que tiene por finalidad dar cuenta de todos los contenidos experienciales no reconocidos ni promovidos por la educación reglada, pero que sólo tiene sentido su formulación en relación a esta última?

Al poco tiempo David Codina (@dcodina2) retwiteó mi pregunta con el siguiente comentario: “la mejor educación para el hombre es la que él mismo se da. Creo que la educación informal es una cuestión de supervivencia”.

Esta sugerente afirmación que me ofrecía David despertó en mí una serie de ideas previas, relacionadas con esta idea de supervivencia, la cual considero clave a la hora de definir los aprendizajes. Parece ser que los humanos, al igual que todas las especies animales efectivamente aprendemos para sobrevivir. Los aprendizajes entendidos como la modificación de los comportamientos de los individuos son la respuesta natural a determinados estímulos provenientes del entorno, y tienen una clara finalidad adaptativa.

Desde esta definición de lo que son los aprendizajes no tendría mucho sentido la distinción entre lo formal y lo no formal. Todo aprendizaje en sí mismo no es ni formal ni informal. Esta distinción aparecería cuando la educación deviene entramados discursivos de poder, distribución jerárquica de saberes. Sería el resultado de las necesidades legitimadoras, propias de las superestructuras que intermedian los procesos educativos (también la salud o la gestión de lo público en general) Esto no implica necesariamente un “discurso anti-escuela”, que sólo tendría un contenido ideológico (modelo). Sólo se procura en este momento hacer una reflexión diagnóstica de lo que puede pasar con los aprendizajes en nuestro mundo educativo.

Cuando afirmamos que los entornos formales se constituyen en el entramado discursivo del poder, estamos reconociendo que la emergencia no se da en relación a los  entornos formales o institucionales, sino a la distinción misma entre lo formal y lo informal. No hay escolarización si al mismo tiempo no se da la delimitación excluyente de territorios ajenos a los reconocimientos y a las acreditaciones.

Pienso que esta perspectiva podría resituar la cuestión de la integración de la educación informal en los ámbitos formales. Pareciera que la integración de ambos niveles se daría sobre todo a partir de dos factores: la crisis de las intermediaciones por un lado (magníficamente sintetizado por David cuando afirma en Twitter que la mejor educación para el hombre es la que él mismo se da) y, por el otro, en la construcción de entornos educativos emancipadores (educación democrática e inclusiva).

Cuando la charla con Emilio nos estaba llevando desde una perspectiva didáctica o pedagógica al campo de la moral o de la acción política, el tiempo de la espera ya se agotaba, y comenzaba el de la despedida y los trámites de frontera. Sería cuestión de retomar el tema después del regreso, o en línea como ahora, en cualquier momento.

Algunas precisiones para continuar profundizando, relacionadas con el ámbito de la Filosofía:

  • En el ámbito de la Filosofía como espacio reflexivo o de investigación –que no como asignatura o espacio transmisivo de saberes – se podría dar un paso más: no sólo pensar en lo que estamos aprendiendo sino también en la forma en que lo estamos haciendo, pensar en la experiencia misma del aprendizaje.
  • Pensar reflexivamente sobre las experiencias de aprendizaje no se reduce a desarrollar actividades, como se suele decir, metacognitivas (aprender a pensar, a estudiar, a valorar, a expresarse, etc) Sería más bien avanzar en el camino de la autoconciencia. Una actividad que no está al servicio de la adquisición de ninguna habilidad especial. Sería una suerte de “no-aprendizaje” alejado de finalidad competencial alguna. (Desde aquí, nos estaríamos alejando de la propuesta de una 9ª competencia, como así también del concepto al uso de “evaluación”).
  • El aprendiz observa y comparte el trabajo del maestro artesano. Éste no evalúa ni acredita sus aprendizajes. Es la respuesta del medio –la vida en suma– la que evalúa y corrige; y, de esta forma, la evaluación se convierte en un momento más de la  experiencia, basado sobre todo en un sencilla dinámica adaptativa.
  • En esta perspectiva la integración de los aprendizajes informales puede tener un significado especial: aquello que es reconocido como experiencia nueva, suscitado por la interrelación adaptativa con el medio, es instalado por el docente (aunque también puede serlo por los alumnos) como material privilegiado de reflexión. Profundizar en las experiencias vividas enriquece la dimensión autoconsciente de los aprendizajes, y nos sumerge inevitablemente en aguas emocionales, por tanto también morales y estéticas.
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5 comentarios leave one →
  1. 27/07/2010 11:56

    Magnífico todo lo que comentas Alejandro, me alegra mucho ver que poco a poco se va desbrozando el camino y que cada vez más , desde diferentes campos, (enseñanza reglada, educación alternativa, nuevos entorno tecnológicos), vamos coincidiendo en los diagnosticos y las posibles soluciones. Suscribo por completo tu discurso y creo aciertas plenamente en los planteamientos, para mí tiene sobre todo el valor de venir de alguien que está en el campo de la educación “formal”, que está “dentro”.
    Sólo por apuntar alguna cosa, efectivamente creo que el aprendizaje hay que verlo esencialmente como un proceso de adaptación al entorno, siempre cambiante e impredecible. Esta capacidad de los humanos, debida a la enorme plasticidad de nuestro cerebro, (en realidad no somos sino cerebros con patas), es también lo que nos da la posibilidad de elegir y por tanto de ser libres, es decir, no determinados por condicionamientos genéticos como en el caso del resto de los animales.
    Entonces, si la educación, en vez de servir para aumentar nuestra capacidad de adaptación y de libertad, se limita a ser una forma de instrucción o de condicinamiento conductivista, estamos anulando y limitando nuestras capacidades como humanos.
    Efectivamente creo que las alternativas pasan por por lo que tu muy bien has explicado, la creación de entornos de aprendizaje adecuados por una parte, pero siempre sin olvidar que sin lo social y lo comunitario, en realidad nada tiene sentido en lo humano, y para ello hay que profundizar en la idea de creación de espacios educativos participativos, que empoderen a los individuos y no que los hagan dependientes y limitados respecto de algo exterior a ellos mimos.
    Fantastica tu idea de la “sala de invitados”, creo que va en esta línea de crear espacios colaborativos, de participación, etc., adelante!

    • 27/07/2010 13:14

      Creación de espacios educativos participativos, que empoderen a los individuos” Subrayo esta frase de tu comentario. Agregas a la entrada una dimensión que considero fundamental: como dices, “lo social y lo comunitario”.

      Sentido de las instituciones escolares: promover individuos que participen de manera autónoma. Se me ocurre que esto no puede ser tan sólo una “competencia” más dentro de una lista, para pasar a ser una preocupación ética (y quizá también emocional) de base, en los que ejercemos la profesión docente.

      Gracias por la sintonía de siempre.

      Un abrazo

      Alejandro

  2. 28/07/2010 11:50

    Hola Alejandro,

    la teva reflexió m’ha semblant interessant, sintètic i alhora brillantment exposada. Complementa de forma molt enriquidora la lectura de llibre de Jay Cross “Informal Learning” que estic realitzant des de fa un temps i a la vegada me proporciona una perspectiva més sobre el concepte de connectivisme de G.Siemmens. Intentaré explorar una mica més alguna de les referències que dones. Gràcies.

    Salutacions cordials,

    marià 🙂

    • 28/07/2010 15:42

      Hola Marià,
      M’he apuntat la referència del llibre de Jay Cross. He trobat a la xarxa el pdf amb accés lliure d’un treball de Cross, que no sé si és el mateix del que tu dius. Aquesta és l’adreça: http://www.jaycross.com/Workscaping.pdf
      Ens seguim en Twitter. 😀

      Alejandro

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