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Algo más que un curso…

22/06/2010




1. Mientras cuido a los alumnos para que no se copien en las PAU

Comienzo a redactar esta entrada mientras vigilo (aunque busco otro verbo no lo puedo encontrar) a un grupo de alumnos que se examinan de las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU). Pienso en todas las contradicciones que acumulamos en nuestra práctica docente. Y hoy especialmente, al recordar la experiencia de un curso vivido con estudiantes de segundo de Bachillerato, y encontrar nuevas líneas de reflexión sobre la utilización de herramientas de la web social con estudiantes adolescentes, justo cuando estoy sumergido en unas pruebas que, paradójicamente, las vivo como lo más “anti 2.0” que uno se pueda imaginar.

Comienzo por el final. Como resultado de estas notas que fui apuntando mientras los alumnos escribían, pensé en una posible hipótesis de trabajo:

La dificultad que suelen tener los estudiantes adolescentes para desarrollar motivaciones intrínsecas en los aprendizajes, y por tanto encontrarse en condiciones idóneas para construir sus propios “entornos personales de aprendizaje” (en Inglés PLE: “personal learning environment”), podría en parte ser salvada si se tomara como base y punto de partida la participación informal que ya vienen manteniendo a priori (por fuera del contexto de la educación formal) en las redes sociales y en otras formas de conexión virtual.

Dicho de otra forma: al menos en la clase de Filosofía, quizá lo más adecuado no sería tanto promover un entorno personal de aprendizaje (PLE) ad hoc, como integrar lo que he identificado como “entorno personal de relación” (que de hecho sería un entorno de aprendizaje informal, aunque la finalidad consciente no sea aprender sino relacionarse y divertirse), e intentar que el PLE se desarrolle como su continuación natural.

Nada demasiado especial ni novedoso. Simplemente reconocer que si a mí me llevó un curso de todo un año aprender a utilizar redes sociales, marcadores sociales o lectores de RSS y demás herramientas de la llamada web 2.0; y que además lo hice voluntaria y esforzadamente para renovar mi práctica docente; los alumnos ya vienen utilizando y disfrutando de algunos de estos recursos de una manera informal y lúdica, bastante antes de que yo me propusiera introducirlos en el contexto formal de las clases.

Lo curioso es que, en realidad, tal como relataré en seguida, al comenzar el curso que ahora acaba no me había propuesto iniciar ni desarrollar nada demasiado nuevo. Sencillamente ocurrió que, durante la construcción de mi propio entorno personal de aprendizaje, siempre en calidad de aprendiz y no de docente, comencé a coincidir con mis alumnos en las redes sociales y demás vías de comunicación telemática en las que ellos participaban. (Especialmente Facebook y Messenger). Digamos que me encontré allí con ellos, no les propuse nada, sólo nos permitimos participar en nuestros respectivos espacios virtuales.


2. Comenzando un curso de 2º de filosofía…, más o menos como siempre.

Vuelvo al inicio, y explicaré cómo se fue dando todo esto.

Durante este curso he trabajado en el Instituto sólo media jornada cada día. El resto del tiempo lo he destinado a tareas docentes no presenciales como colaborador de la UOC, y a administrar mis ahorros para compensar la considerable reducción de mis ingresos.

De esta forma, completé mi horario presencial únicamente con grupos de Filosofía de 2º de Bachillerato. Desde un comienzo me hice a la idea de que, como siempre, el objetivo principal del curso sería promover una buena preparación para las pruebas de acceso a la Universidad (PAU). En estos casos, poco espacio suele quedar –o me suelo permitir– para la innovación y el empleo de nuevas tecnologías. El modelo tradicional –profesor que explica, alumnos que toman apuntes, profesor que pone exámenes, alumnos que aprueban o suspenden– parece el más generalizado y, posiblemente, el más eficaz para superar unas pruebas externas y de selección –que no de evaluación–, como son las PAU. Sobre todo si las explicaciones son claras, los apuntes están completos, los repasos son abundantes, y se memorizan adecuadamente los “filosofemas” que seguramente se pedirán en dichas pruebas.

En el grupo de Google, Filolist, hubo profesores que argumentaron la posibilidad de conciliar una buena preparación para las PAU –aludiéndose a una supuesta profesionalidad docente– con una orientación didáctica participativa y dinámica, es decir, no academicista ni transmisiva. Personalmente me permito manifestar mis dudas al respecto: si de lo que se trata es de vivir la Filosofía como experiencia, no como acumulación de información histórica, considero que la presencia de estas pruebas externas, con una estructura de comentario de texto y unos autores pre-determinados, mediatiza y desvía en sumo grado esta posibilidad.

Por supuesto que conviene reconocer matices: desde una perspectiva más o menos crítica o innovadora no se puede valorar de la misma forma la práctica docente de quien hace sus clases dictando apuntes, y quien utiliza, por ejemplo, una plataforma virtual tipo Moodle, en la cual tiene un programa de actividades y un extenso repositorio de recursos diversos. (Aunque también considero que las plataformas virtuales, dado su estructura más o menos fija y cerrada, no aseguran las mejores condiciones para un modelo basado en la autonomía de los alumnos para gestionar sus aprendizajes, ni en el hecho de entender los contenidos como herramientas para desarrollar competencias de pensamiento más que incorporar objetos de “acumulación ilustrada” )

Es frecuente que dejemos la Filosofía de primero (en la cual predomina el enfoque temático más que el histórico), o la asignatura optativa de Psicología, para hacer, como dicen mis alumnos, experimentos. La ausencia de presiones curriculares externas nos permite no sólo embarcarnos en “travesías” novedosas, sino también compartir de manera horizontal con los alumnos la tarea de diseñar su “itinerario” y el tipo de “transporte” a utilizar. Pero, como decía al principio, en este curso sólo tenía la Filosofía de 2º, me debía pues a los contenidos de las PAU, y seguramente poco espacio me quedaría para realizar “experimentos”. Comenzaba una vez más el curso dispuesto a vivir esta frecuente contradicción entre los modelos didácticos ideales y las exigencias curriculares externas.

En el aspecto tecnológico la única novedad que intenté implementar fue la sustitución de una web fija, de aquellas que funcionan como un libro de texto, pero digitalizado, por una web de Google Site. Este nuevo entorno digital, además de ser un repositorio de archivos, permitía que cada alumno pudiera participar como administrador, tener una página propia y personalizarla. Visto desde hoy, ya finalizado el curso, las posibilidades de este entorno digital fueron bastante menores comparado con las expectativas de un comienzo. En general, a pesar de tener la posibilidad de personalizar el espacio, la mayoría de los alumnos no se lo hizo propio.


3. Lo que pasaba mientras tanto con mi propia formación: acceso a la web social.

Yendo algo hacia atrás, debo reconocer que, si bien mi incorporación al mundo de las nuevas tecnologías se dio ya hace bastante tiempo, el conocimiento y la utilización de los recursos que ofrece la web2.0 es algo más o menos reciente. Concretamente fue a partir de un curso de formación no presencial que bajo el título “Aula 2.0” ofreció el Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya. Este curso estuvo impartido desde octubre del 2008 hasta marzo del 2009 por Xavier Suñé, sobre materiales del mismo Xavier y Artur Tallada. Fue de la mano de Xavier que me inicié en estas andaduras, y debo decir que aún le tengo como referente que me acompaña por estos barrios de Twitter, Facebook y redes sociales varias. Como proyecto de final de curso presenté la puesta en funcionamiento de un blog para la clase de Psicología y Sociología, materia optativa de 1º de bachillerato. Este blog está enlazado a una página wiki, y ambos comenzaron a funcionar en clase a partir de enero del año pasado.

En paralelo a este proceso de formación y de incorporación de nuevas herramientas en clase, comencé a participar en redes sociales, y a construir lo que después me enteré que ya desde hace un tiempo, gente más experta y veterana en estas cuestiones, había identificado como “entorno personal de aprendizajes” (PLE), ciertamente un avance en relación a las ya conocidas plataformas virtuales, principalmente Moodle. El 14 de diciembre de 2008 abrí una cuenta en Facebook. El 18 del mismo mes ya tenía 20 alumnos que solicitaban ser mis amigos en la red, y que me ofrecían toda su colaboración para iniciarme en el uso de estas nuevas formas de encuentro y relación social; por supuesto desde condiciones de conocimiento y uso mucho más aventajadas que las mías.

Después de finalizado el curso, en agosto del año pasado, viajé a Argentina para presentar mi libro “Filosofar con Jóvenes”, publicado de manera conjunta por dos editoriales de Córdoba (Arg.) Editorial Universidad de Villa María y Salida al Mar Ediciones. Programamos durante este mes cuatro presentaciones – talleres. Con la finalidad de difundir estas actividades, y a la vez contar con un espacio de debate sobre el tema de la enseñanza de la filosofía con alumnos adolescentes, abrí desde mi cuenta en Facebook un grupo abierto llamado “Filosofar con Jóvenes”. Deseo subrayar la inmediata respuesta de mis alumnos del curso anterior y muchos ex alumnos, los cuales se apuntaron al grupo y fueron respondiendo de manera efusiva, océano por medio, al desarrollo de las actividades.

Una vez iniciado el curso 09-10, me embarqué en un proceso de formación y creo que pude hacer avances importantes en relación a la construcción de mi propio entorno personal de aprendizaje. Las fechas claves podrían ser las siguientes: el 27 de diciembre abro un blog en WordPress y publico la primera entrada de Carbonilla. En los primeros días de enero asisto a una charla que Alejandro Piscitelli (@piscitelli) dio en la UOC. Aquí escribo mi primer twit en Twitter.  El 2 de febrero asisto a una jornada sobre “Educación expandida” organizada por el CCCB.

A través de Twitter me fui conectando con muchas personas del mundo educativo, comprometidas con su renovación, y de las cuales he aprendido muchísimo. Para no olvidar a ninguna de ellas debería mencionar a las casi 150 personas que he ido agregando en mi cuenta de Twitter en estos 5 últimos meses, y a las que también sigo atentamente. Subrayo por sus especiales aportaciones a David VidalDiego Leal, Eduardo Larequi, Jaime Olmos, Miguel Rosa, Vicent Pardo, Víctor Cuevas, Fernando Trujillo, Juanjo Muñoz, Aitor Lázpita, José Luís Castillo, Juán José de Haro, Dolors Reig, Juanmi Muñoz, Cristóbal Suárez, Jordi Adell, Cristóbal Cobo, Josu Uztarroz, Tíscar Lara, Educa con Tic, muy especialmente a David Alvarez, y a muchos otros más. De los que no he encontrado en Twitter, pero si en la blogosfera, destaco: “La mirada pedagógica” (Boris Mir), “No només filosofia” (Llorenç Vallmajó), “Educación y Filosofía” (Marcos Santos Gómez)

El 4 de mayo abrí un grupo en Facebook, llamado FiloSert, con la finalidad de repasar los autores que entran en las PAU. Es así como llego al día de hoy, sintiendo la necesidad de hacer un alto y, estimulado por estos primeros solecitos estivales, sacar algunas conclusiones.


4. Lo que fue pasando durante el curso: una intersección entre lo formal y lo informal.

Todo aquello que el curso pudo haber tenido de innovador -incluido el uso de Internet, y sobre todo de las redes sociales- vino dado de manera discontinua y en los márgenes de los objetivos y las programaciones curriculares pre-establecidas. Intuyo que tuvo su espacio de desarrollo en lo que llamaré “entorno personal de relación” que, con anterioridad al inicio del curso, la mayoría de los alumnos ya utilizaban. Para ser más preciso, sitúo esta posible fuente de nuevas formas de aprendizajes en la intersección entre el “entorno personal de relación” de los alumnos, y mi propio “entorno personal de aprendizaje”. Una zona en la que se dieron aprendizajes informales, pero vinculados al contexto formal de la clase. Veamos cómo se fue dando esta peculiar configuración:

  • La mayoría de los alumnos contaba al comienzo del curso con el siguiente “entorno personal de relación”: cuenta de correo electrónico (la mayoría de Hotmail), cuenta de mensajería instantánea (Messenger), cuenta en red social (Facebook) [Esta información fue recogida en una encuesta pasada el primer día de clase]
  • Mi propio “entorno personal de aprendizaje” (PLE) estaba integrado por: cuenta de correo (Gmail), mensajería instantánea (Messenger), lector de RSS (Reader), marcador social (Delicious), Redes sociales (Facebook), plataforma virtual de docencia y formación (campus de la UOC)
  • Los elementos del PLE del profesor que coincidían con los utilizados por los alumnos para relacionarse entre ellos con finalidad principalmente lúdica conformaron aquella zona de intersección a la que hacía referencia con anterioridad y que, de manera espontánea, se fue configurando como el núcleo de un “proto-PLE de aula
  • A partir de que puse a disposición de los alumnos el libre acceso a los elementos de mi PLE ya señalados, los alumnos fueron solicitando su ingreso (especialmente a Facebook y Messenger) al margen de las actividades de clase y sin ninguna relación intencional o manifiesta con las mismas. Se dio una suerte de continuación natural de la relación empática y de confianza que se venía dando en el contexto escolar. No obstante, muchas de las intervenciones o del material puesto en la red (textos, imágenes, vídeos) solían tener alguna vinculación con los contenidos trabajados en clase, o con acontecimientos públicos o cotidianos, que en varias oportunidades generaron intercambios o debates. También en frecuentes ocasiones se dio lo inverso: yo mismo o los propios alumnos utilizaron elementos de sus respectivos timeline de Facebook para ilustrar cuestiones tratadas en clases.
  • Gradualmente, algunos alumnos comenzaron a utilizar estos espacios virtuales compartidos para cuestiones relacionadas directamente con las clases: dudas sobre terminados temas, intercambio de información, etc. Se dio el caso, en varias oportunidades, que grupos de alumnos que durante un fin de semana se habían reunido en casa de uno de ellos para preparar un examen, y conectaron conmigo mediante Messenger para resolver alguna duda o para que intervenga en alguna discusión. También que algún alumno hubiese encontrado una página en Internet que consideraba útil para preparar un tema, lo comentaba a través de Messenger, y de común acuerdo decidíamos compartirlo con los demás compañeros en Facebook. Guardando el anonimato del alumno, reproduzco aquí una de las conversaciones mantenidas vía Messenger el día 9 de junio por la noche. De alguna forma la relación de clase se extendía virtualmente a los espacios de la web2.0 que compartíamos, sin que lo hubiera programado de antemano. También comenzó a darse el proceso inverso: de manera habitual yo iba incorporando, especialmente en Facebook, entradas que contenían reflexiones filosóficas, o informaciones y recursos (webs, noticias periodísticas) que luego eran comentadas en clase. Algunos alumnos (no muchos) también comenzaron a coger este hábito y el timeline de Facebook tímidamente comenzó a mostrar intervenciones que iban un poco más allá del intercambio de fotos, de comentarios sobre eventos sociales, o de registros en grupos de fans.
  • La culminación de este proceso se dio el 4 de mayo con la apertura del grupo FiloSert en Facebook. Se apuntaron 56 participantes, de los cuales 13 eran ex-alumnos. En este grupo además de la participación en el muro, se abrieron 21 temas de debate. (Debo decir que fueron abiertos por mí, y que todos estaban relacionados con el temario de las PAU). También agregué enlaces a presentaciones sobre los autores, que previamente había subido a Slideshare. Por otra parte, en la web de la asignatura (Filósofos del Sert) fui poniendo enunciados de comentario de textos que habían salido en ediciones anteriores de las PAU, y unos cuantos alumnos los hicieron y me los enviaron por correo electrónico para que los corrigiera. Una vez corregidos (aprovechando la opción de Word de agregar notas al margen) se los fui devolviendo, y finalmente los puse en la web para que quien quisiera los pudiera ver.



5. Sacando algunas conclusiones.

Señalo seguidamente algunas valoraciones que fui apuntando en los últimos días:

  • Éste ha sido un proceso espontáneo, no programado. Es como si los alumnos hubiesen permitido ceder una parte de su espacio de relación para que el profesor pudiera continuar allí el trabajo iniciado en el aula. Luego, algunos alumnos comenzaron a reconocer que les podía resultar útil no sólo utilizar este espacio para comunicarse, sino también como medio para facilitar sus aprendizajes.
  • Más allá de los aprendizajes, el hecho de compartir estos espacios en la red, permitió reforzar e integrar la dimensión emocional y de confianza que ya se había comenzado a construir en clase. Quizá pudiera ser esta una condición: si no se da una relación previa de empatía y confianza, es posible que los alumnos presenten resistencias para permitir espontáneamente el acceso a su espacio personal de relación.
  • Verifico que los alumnos que durante el curso anterior habían comenzado a utilizar herramientas de la web social, tales como Delicious o WordPress, los cuales no formaban parte de su “entorno personal de relación”, no las recuperaron ahora de manera espontánea. Tampoco accedieron a personalizar las páginas con las que contaban en la web abierta en GoogleSite. Naturalmente que en ello seguramente ha influido que, condicionado por esa mentalidad frecuente en muchos profes de segundo –“hay que prepararse para la sele, los experimentos los dejamos para primero”–, mi único mérito se haya reducido a no poner barreras a una dinámica que fue más hija de la empatía y la confianza que de la intencionalidad didáctica.
  • No obstante, ya finalizado el curso, me pregunto sobre la conveniencia de proponer a priori los recursos de la web social como herramientas de aprendizajes; o si, por el contrario, sería mejor hacer el proceso inverso: ir proponiendo primero actividades en las que luego se pueda llegar a utilizar los recursos de la web social de los que los alumnos ya son usuarios habituales. O tal vez se haya que pensar, quizá, en direcciones combinadas.
  • Algunas posibles objeciones a esta experiencia. El profesor en alguna medida ha traspasado el ámbito estrictamente profesional y público, para implicarse y compartir espacios que no dejan de ser privados o personales. No digo que éste sea un requisito indispensable, como tampoco es mi intención proponer modelo alguno. Se trata de tan sólo una experiencia; y digo que en su peculiaridad, sin este margen de confianza y de mutua interrelación, es posible que no se hubiera dado tal como se dio. Entiendo que muchos docentes, mucho más celosos de su privacidad, por ejemplo no hubieran permitido compartir información en Facebook (aunque se ha de decir que en las redes sociales el grado de privacidad de la información que se cuelga puede ser efectivamente regulado); o que tampoco hubieran estado muy dispuestos a “chatear” con alumnos durante el fin de semana, sobre cuestiones relacionadas con la asignatura.
  • Debo reconocer, por otra parte, en línea con lo que afirmaba anteriormente, que aquello que de innovador pudo haber tenido esta experiencia, se dio más bien en los márgenes y de manera discontinua respecto a la dinámica habitual de la clase: en el “aula presencial” se mantuvo en gran medida la “centralidad docente” y el predominio de las “formas expositivas” . Sin embargo, en ocasiones sí me pareció que algo estaba modificándose. Por ejemplo, que algunos alumnos comenzaban a considerar los contenidos aportado por mí como un recurso más. Incluso hubo alumnos que manifestaron sentirse más a gusto, o que comprendían mejor otros recursos sacados de otras páginas webs, comparados con los que se proponían en el GoogleSite de la asignatura.

Para finalizar esta un tanto desordenada narración sobre mi último curso, en la que se mezclaron descripciones y reflexiones tanto de mi trabajo docente como de mi propio proceso de formación y de utilización de nuevas herramientas, quisiera señalar una última idea que podría ser algo así como una suerte de elogio de Facebook. He leído últimamente muchísimas críticas a esta red social, y sobre todo a su gestión como empresa que administra una cantidad sideral de información pública y privada. Desde el punto de vista didáctico se ha dicho que todo el ruido que se genera en Facebook no hace más que dificultar la tarea docente en entornos de aprendizaje semi-presenciales. De allí la conveniencia de disponer de redes sociales especialmente idóneas para los usos educativos, construidas y gestionadas exclusivamente con esta finalidad. No discutiré estas objeciones, las que en parte comparto. Sin embargo, también pienso que si bien para algunas asignaturas puede ser indispensable la quietud de un laboratorio, o el silencio de una biblioteca, creo que a la Filosofía le puede ir muy bien el bullicio de una plaza pública.

Y un último interrogante para abordar quizá en una próxima entrada: ¿La dimensión ético-emocional de nuestra práctica docente (a ello me refiero cuando hablo de “emociones“, “empatía”, “empoderamiento“, “motivación“, “valores“, “confianza”, ”privacidad”, o cuando en entradas anteriores también me he referido a ideas tales como “pedagogía del imprevisto” o “pedagogía del reconocimiento”) es una dimensión importante para tener en cuenta en nuestra práctica docente, pero en definitiva tan sólo una dimensión más; o, por el contrario, debe ser considerada como la base y condición fundamental para impulsar procesos de innovación educativa, incluido la incorporación de nuevas tecnologías en el aula?

Preguntado de otra forma: ¿La destreza tecnológica en la utilización de estas nuevas herramientas es condición suficiente para que se dé una verdadera transformación de las prácticas; o puede ocurrir que su despliegue, al margen de toda consideración “ético-emocional”, acabe reduciéndose a un vano esfuerzo que permite sobrevivir a los docentes en sus contextos profesionales de siempre?

El debate está propuesto; lo podemos continuar en el medio que creáis más conveniente 🙂

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15 comentarios leave one →
  1. vicent permalink
    22/06/2010 21:40

    Hola Alejandro, no me resisto a comentar este post-rio, que leeré varias veces más, aún a riesgo de resultar banal:
    -Es un ejemplo estupendo de lo que llamo ideario explicito del docente. No me cansaré de repetir que los profes han de verbalizar qué hacen, cómo y por qué lo hacen.
    -Es, por tanto, modelo y referencia para ello. Muchas gracias.
    -Se me ocurre conectarlo con el post de JL Castillo (http://profeblog.es/blog/joseluis/2010/06/20/un-avance-de-la-programacion-de-aula-para-mis-clases-de-biologia-y-geologia-metodologia/) en el que deja explícito qué pretende a partir de lo que le ha ocurrido este año.
    -Por tanto, como toda conexión es susceptible de generar cosas inesperadas, a ver…
    -Los detalles son impagables, me van a proporcionar reflexiones muy gratas y productivas.
    De momento, eso es todo. Muchas gracias.

    • 23/06/2010 18:34

      En realidad tu comentario es una muestra de lo que podría ser una buena práctica docente: reconocer el valor de lo que hace o piensa el alumno, escuchar (leer) lo que dice (hasta tener el valor de hacerlo varias veces), pero sobre todo promover conexiones (en esta caso entre “El blog de José Luís Castillo” y “carbonilla“).

      ¡Gracias profe! 🙂

  2. Jordi permalink
    23/06/2010 9:18

    Creo que yo también lo releeré varias veces :-). Realmente muy interesante.

    Jordi.

    • 23/06/2010 18:44

      Gracias Jordi por tu interés. Me alegra sobre todo por venir de alguien a quien muchos seguimos con atención.

  3. 23/06/2010 9:23

    Hola Alejandro,

    Sinceramente, te agradezco tremendamente que compartas todo este huracán de sentimientos, emociones, ideas… porque realmente son espectaculares y realmente haces visible esa OTRA escuela. Tan solo darte las gracias, pero no antes sin tratar de dar mi sincera opinión sobre la pregunta que nos planteas al final de tu post:

    Creo que es más que evidente que si no existe esa condicion “etico-emocional” o como diria @fgpaez ese EMOTIONWARE, realmente nada de lo que hacemos en las escuelas cambiará. Pero creo que podemos sonreir y mirar hacia adelante, porque realmente, otra escuela es posible y esa escuela es real, tan solo tienes que mirar un rato a Twitter y observar los cientos de profesores y profesoras que estan realizando un trabajo increible en sus entornos, un trabajo digno de admirar y valorar!!! Un trabajo capaz de empatizar con su alumnado, sus familias y las necesidades de su entorno. Creo que debemos sonreir y sobretodo contagiar e impregnar de EMOTIONWARE a todo aquel y aquella que tenemos la suerte de poder compartir nuestro trabajo con el o ella. Poco a poco, conseguiremos realmente que disfruten tanto como nosotros 😉

    Gracias de nuevo por este hermoso post…

    • 23/06/2010 19:11

      Gracias a tí Jaime; siempre es un placer continuar con nuestros intercambios por estos barrios. 🙂

      Leyendo tu comentario, el cual hace específica mención a la pregunta que cierra mi entrada, se me ocurrieron algunas ideas. Quizá el reto estaría en buscar la forma de recuperar la dimensión emocional de los aprendizajes mismos; entendiendo que en ello se juega la posibilidad de que dichos aprendizajes se realicen de manera más efectiva y profunda.

      Hay trabajos en neuro-ciencia que parecen confirmarlo: la estrecha vinculación que se dan en los procesos cognitivos entre el neocórtex y la zona límbica o paleocórtex. Traduciendo: una información ligada a un contenido emocional se aprende mejor. Esto se puede relacionar también con la dimensión “experiencial” del trabajo en clase: la diferencia entre asistir a clase y vivir una clase. El estudio se convierte en aprendizaje cuando la información se liga con valores (con valoraciones); y sabemos que es la mente la que entiende, pero es el “corazón” (en un sentido figurado, claro está) el que finalmente valora, es decir comprende.

      Digo todo esto pensando un poco en la frecuente crítica de “buenrollismo” que se suele hacer a quienes ponen el acento en el tema de las emociones por una supuesta necesidad personal de ser un “profe guay”, descuidando aparentemente la profesionalidad del trabajo docente. Cuando, precisamente, se trataría de una inquietud absolutamente profesional: la de ver cómo se articula la dimensión emocional de los dispositivos didácticos, para hacer más efectivo nuestro trabajo.

      Un tema éste sobre el que me gustaría profundizar, y al que intentaré dedicar una entrada, aunque sólo sea para formular preguntas. ¿Te parece interesante la cuestión?

      Un abrazo.

      Alejandro

  4. 23/06/2010 11:21

    No tengo tiempo para extenderme, pero lo que cuentas, para mí también se resume en una palabra: emocionante. Gracias

  5. Blanca permalink
    23/06/2010 18:50

    Hola:

    Me ha parecido una experiencia muy interesante, y tengo que agradecerte que la hayas compartido con todos nosotros.

    Yo creo que no es suficiente con tener destrezas tecnológicas e introducir estas nuevas herramientas en el aula. Para que el cambio sea real y eficaz, tiene que producirse un cambio en la forma de enseñar (por parte de los docentes) y aprender (por parte de los alumnos). En la experiencia que tú nos presentas, creo que has logrado que se den cambios en el proceso de enseñanza-aprendizaje, ¡enhorabuena! Creo que es especialmente difícil lograr estos cambios en un curso cuyo objetivo es pasar una prueba teórica y memorística.

    Creo que tu experiencia es un ejemplo para todos aquellos que dudan de la utilidad de las redes sociales en educación.

    Muchas gracias y un saludo,
    Blanca

  6. 24/06/2010 22:08

    Me parece un post muy interesante, y del que podemos aprender mucho. A mi también me ha pasado eso que dices, pero no lo había llegado a pensar formalmente como tú. tu aportación me es muy útil.
    De todas maneras nosotros, en el IES de Foios, València, hemos intentado el camino inverso, crear una red social con intencionalidad educativa, http://iesescultorbadia.es/ , proyecto que tenemos en marcha, pero que me cuestiono con tus aportaciones. En fin, supongo que tenemos que intentarlo d etodas las maneras, no?
    Gracias

    • 25/06/2010 11:45

      Estimado Enric,

      Insisto en algo que comenté en mi entrada: no es mi intención proponer ningún modelo o camino a seguir, sólo describir una experiencia, que se dió así, pero que podría haberse dado de mil maneras diferentes.

      Pienso que el proyecto de crear una red social en tu instituto seguramente es una idea muy acertada -de hecho, es lo que intentaremos hacer en el mío-; no veo porqué mis “aportaciones” deban cuestionarlo, y por supuesto que creo que debéis intentarlo.

      Lo que pasa, es que a veces siento que la realidad adolescente es tan compleja, y que nos desborda tanto por todos lados, que intuyo como vano el intento de encasillar las orientaciones educativas en propuestas rígidas. Con frecuencia lo más interesante que sucede en los institutos desde el punto de vista educativo se da -y creo que ya lo he dicho muchas veces- en los márgenes de las programaciones y demás dispositivos didácticos y/o tecnológicos.

      Sin embargo, también pienso que posiblemente en ausencia de estos dispositivos (incluidos los institucionales) la riqueza de esos márgenes se disolvería. Por ello soy partidario de contar con todos los recursos que tenemos, con las experiencias conocidas, incluso con las más tradicionales y poco innovadoras, con la condición de no dejar de ser lo más receptivos posibles a todo lo que ocurre más alla de nuestras intenciones docentes.

      Gracias por tu comentario, y por permitirme seguir pensando en más cosas. Continuamos.

      Alejandro

  7. 28/06/2010 22:28

    Eso quería decir.
    Pero también considero que las propuestas más formales nunca borran las informales del alumnado, ellos continuan a lo suyo, lo que pasa que nosotros nos lo perdemos, o superponemos otra capa encima que no borra la otra, aunque en la mayoría de los casos no influye para nada, y eso es lo que me preocupa.
    Però por supuesto que lo vamos a intentar
    Enric

  8. Olga Diez permalink
    27/10/2010 15:27

    Tu experiencia demuestra que no tiene porqué haber muros entre la enseñanza formal y el encuentro informal; que el aprendizaje no puede dejar de darse, sólo hay que fomentarlo. Que se puede hacer transferencia entre lo que se aprende en el aula y los contextos más diversos.
    Y también que las diferencias entre enseñanza presencial y a distancia se están esfumando.
    Gracias por compartirlo, me ha parecido sumamente interesante.
    Lástima que los grupos de Facebook ya no permitan crear foros de discusión, para mí, desde un punto de vista didáctico eran su punto fuerte.

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