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Identidad docente: memoria, cooperación y tecnologías

23/04/2010

Entrada revisada y corregida el 13/02/2014

En un debate con los alumnos de un grupo de segundo de bachillerato, a propósito del tema de la identidad personal, surgieron dos cuestiones interesantes: ¿Actuamos según como somos? O más bien, ¿somos según como actuamos? Se trataba de oponer el esencialismo de la tradición racionalista al utilitarismo de BenthamStuart Mill. Un tema con profundas implicaciones éticas, pero que a mí luego me llevó a pensar en cuestiones relacionadas con mi vida profesional, tales como la innovación, o la incorporación de las tecnologías de la información en las aulas.

En la construcción de la identidad personal confluyen dos procesos: el reconocimiento y la memoria.En el primero, y de manera sincrónica, son los demás quienes nos devuelven una imagen de nosotros mismos, es decir, se convierten en sujetos significantes (en diferentes campos y medidas); en el segundo, y de una manera diacrónica, es nuestra propia historia la que acaba de construir lo que pensamos y sentimos que somos. Esto ocurre en los diferentes ámbitos de nuestra vida, incluido el profesional. Existe una “identidad docente” que se construye también en estos dos niveles: desde el reconocimiento de los sujetos significantes –demás profesores y alumnos–, y desde la acumulación histórica de experiencias y aprendizajes. Ambos niveles se articulan: actuamos según lo que hemos aprendido, y también esas acciones son puestas a prueba por la realidad del entorno social. Es en esta confrontación contextual que se produce la consolidación, la desestabilización o la rectificación  de esa identidad históricamente construida. Diríamos que el presente nos obliga a reconstruir una identidad pasada, que a su vez ha sido el resultado de sucesivas confrontaciones y reconstrucciones.

Esta interpretación elemental de nuestro ser-docente me da pie a reflexionar sobre las dificultades y también las posibilidades de transformación de nuestras prácticas. Cuando digo “transformación” me refiero a procesos deliberadamente deseados y promovidos, a cambios substanciales, al desarrollo de nuevas formas o modelos. Al resto de cambios que necesariamente se producen como resultado de respuestas adaptativas y generalmente inconscientes, les llamaré simplemente “modificaciones”. La práctica está continuamente modificándose, sin embargo su transformación efectiva no siempre se produce; es más, las modificaciones suelen ser intentos de adaptarse a situaciones nuevas, buscando precisamente evitar la transformación real.

Es posible aplicar este esquema a la relación entre la práctica docente y la aparición de nuevas tecnologías en el contexto de las nuevas formas de comunicación y de relación social. Los profesores y la institución escolar en su conjunto deben dar respuestas a las demandas que provienen de la generalización de estas nuevas formas. Y creo que, por lo general, lo hacemos tardíamente, siempre como respuesta, raramente tomando la iniciativa y, por lo general , oponiendo fuertes resistencias. Las inquietudes progresistas buscan actuar mejor, es decir, la excelencia; los demás, posiblemente la mayoría, procuran tan sólo sobrevivir. Y sobrevivir ante “lo que se viene” significa por lo general aceptar someterse al aprendizajes del uso de las nuevas herramientas, pero para continuar haciendo lo que siempre se ha hecho, e incluso reforzarlo. De esta forma, los entornos virtuales tipo Moodle pueden ser usados para dirigir y controlar los modelos academicista y radiales de aprendizaje, y las pizarras digitales pueden convertirse en la versión 2.0 de las antiguas tarimas que usaban los profesores para reforzar espacialmente su  centralidad jerárquica.

Esta perspectiva, un tanto pesimista e indudablemente parcial de las posibilidades que ofrecen las tecnologías de las información, sirve para fortalecer aquella idea de que más que efectuar nuevos aprendizajes  los docentes debemos desaprender todas aquellas formas de realizar nuestro trabajo, precisamente para evitar un cierto “gatopardismo” educativo o, dicho de manera bíblica, echar a perder el vino nuevo al guardarlo en odres viejos. Lo que está claro es que la tendencia suele ser  priorizar el aspecto tecnológico de los nuevos proyectos, y que el frecuente desprecio por las cuestiones pedagógicas se consolide por la convicción de que los déficit de las prácticas educativas podrán ser en parte resueltos con nuevos aparatos.

La pregunta que surge entonces es cómo conseguir que los cambios no sean meras modificaciones adaptativas, sino transformaciones reales de las prácticas. La respuesta consistente en la idea de “desaprender” quizá resulte algo ambigua o ineficaz. Creo que las personas nunca desaprendemos, en todo caso modificamos aprendizajes anteriores. Por otra parte está el riesgo de identificar “desaprender” con olvidar; cuando creo que lo que precisamente es necesario hacer es “recordar”. Y con ello vuelvo a la cuestión de la memoria. El recuerdo como dispositivo constructor de identidades no consiste en la recuperación fotográfica de nuestra historia pasada, sino más bien en la reconstrucción de un pasado que, vuelto a ser narrado desde el presente, lo modifica –lo re-produce– modificando con ello el presente mismo. Siguiendo a José Luís Pardo (2004) , se trata de una “anterioridad posterior”, un saber que se supone antiguo, pero que en realidad en el momento que se recupera acaba siendo absolutamente nuevo.

Respecto de las tecnologías de la información aplicadas a la educación, la importancia de aprender a utilizarlas quedaría subordinada a ser capaces de mirar hacia atrás, de contemplar nuestro recorrido profesional a la luz de las nuevas posibilidades que dichas tecnologías nos ofrecen. El efecto de esta nueva mirada retrospectiva no siempre será de cuestionamiento, sino también podrá tener mucho de recuperación positiva respecto de aquellas viejas prácticas que continúan siendo valiosas, aunque ahora desde nuevas perspectivas. Esta tarea no puede realizarse en solitario. Porque como decía en un comienzo, la dimensión sincrónica de las identidades reclama del reconocimiento y la devolución significantes de nuestros compañeros de profesión. Y aquí nos topamos con una nueva dificultad: a las resistencias inerciales ante toda transformación efectiva, se suma una cultura individualista y competitiva que nos ha socializado como personas con grandes dificultades para compartir y construir cooperativamente. Sin embargo, a pesar de todo ello, creo que  no puede ser otro el camino. De lo contrario, la crisis de la institución educativa se verá agudizada por la inadecuación de un modelo decimonónico ante las nuevas exigencias planteadas, ya no por las tecnologías, sino sobre todo por nuevas formas de relación social.



Hargreaves D. (1978) Las relaciones interpersonales en la educación, Madrid: Narcea Ediciones.

Mead G, H, (1965) Espíritu, persona y sociedad. Paidós.

Pardo J. L. (2004) La regla del juego. Sobre la dificultad de aprender filosofía. Barcelona: Galaxia Gutenberg.

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11 comentarios leave one →
  1. vicent permalink
    24/04/2010 10:07

    Como siempre, el aparato ocnceptual y argumental que despliegas es estimulante. Añadir que las categorias aparecidas en otras entradas sobre motivación (externa, interna) me parece que también pueden aplicarse a los docentes. En este sentido, cabría apelar a la responsabilidad que, independientemente o en continua interacción con la propia identidad, exige la tarea docente. Un buen texto que sigo en este sentido es un capítulo sobre los estudios de Simone Weil en el libro “a la espera de Dios”. Por cierto, la fotografia del post es de Chema Madoz, un fotógrafo madrileño con una obra muy sugerente en la que construye identidades apelando a propiedades que olvidamos o no vemos, pero que están ahí. Un saludo.

  2. 24/04/2010 10:59

    Gracias Vicent por tu comentario. Y gracias por la información sobre la autoría de la foto utilizada. Acabo de actualizar la referencia. Visitando la página del autor he disfrutado con sus maravillosas imágenes. Me apunto la relación que estableces entre el contenido de la entrada y los concepto de motivación extrínseca e intrínseca aplicados a los profesores. Me parece que puede dar para una entrada más 😉
    Un abrazo.
    Alejandro

  3. 24/04/2010 11:35

    ¿Qué bochorno más grande? Perdona, pero es que no puede dejar de expresar lo que siento ahora mismo. Leo tu artículo y me parece sumamente interesante todo lo que cuentas. Sin embargo, me acompleja la lectura porque me doy cuenta de lo mucho que me queda por aprender. Yo muchas veces actúo, como docente, como un continuo aprendiz, novato, impulsivo, intuitivo,… Este pildorazo reflexivo me da mareos. Bueno creo que voy a dejar de relacionarme con profes de filosofía tan profundos… jajajaja. En serio, me ha encantado tu post, me encanta el acompañamiento fotográfico de mano de Madoz y voy a llevar tu RSS a mi Netvibes para seguir aprendiendo a pensar. Esto no es ni más ni menos que una prueba de lo que afirmas al final: “Esta tarea no se puede hacer en solitario”.
    Gracias Alejandro.

  4. 24/04/2010 12:47

    Me ha gustado mucho el contenido y el planteamiento de este post. Yo intentaba expresar algo parecido al inicio de mi wiki http://escuelacooperativa.wikispaces.com/; pero con menos base científica y desde mi situación de simple maestro de escuela. Creo que nos jugamos mucho en la utilización de las TIC en el aula y que no debemos renunciar a todo lo que hemos batallado para cambiar la escuela desde hace décadas.
    Saludos

  5. 24/04/2010 16:44

    Me he dado una vuelta por tu wiki y me parece que hay allí muchísimo trabajo y de un gran valor. Lo digo por lo de “menos base científica”. Me la apunto para seguirte. Desde ya muy agradecido.
    Un abrazo.
    Alejandro

  6. 25/04/2010 12:44

    Hola Alejandro: como dicen los compañeros, tus argumentos de profesor de filosofía (el aparato conceptual y argumental…) van más allá del planteamiento pedagógico y expone con claridad las necesidades de cambio urgente del profesorado. En tu lectura podemos comprobar que los principios inamovibles de la construcción de la identidad personal , tan arraigados en algunos docentes, pueden y deben cuestionarse para, a posteriori,cambiar : “….El efecto de esta nueva mirada retrospectiva no siempre será de cuestionamiento, sino también podrá tener mucho de recuperación positiva respecto de aquellas viejas prácticas que continúan siendo valiosas, aunque ahora desde nuevas perspectivas…”
    Que suerte tener a un folósofo tan cerca y con ideas tan claras,
    Un abrazo amigo

    • 25/04/2010 14:14

      Hola Miguel.
      Gracias por tu comentario. Me siento halagado por lo que dices, aunque prefiera ser profe de filosofía a filósofo. En realidad lo “de filosofía” ya hace tiempo que pienso que es una excusa para que me dejen estar bastante tiempo rodeado de chavales y divertirme con ellos. Supongo que esto es parte de mi “identidad docente”: siempre me ha interesado más que la filosofía, el cómo enseñarla. Diría mejor cómo “mostrarla”, como se muestra un escaparate, lo más atractivo posible, para que al joven paseante le entren ganas de entrar y, una vez dentro, se sirva por sí mismo. La dificultad que tengo yo y muchos otros compañeros es que estamos demasiado acostumbrado a las tiendas normales y nos cuesta convertirlas en autoservicios. Bueno, perdón por esta metáfora que se me acaba de ocurrir, 🙂 no sé si es muy adecuada.
      Te sigo desde mi azotea.
      Un abrazo
      Alejandro

  7. María José García Ruiz permalink
    16/07/2010 22:39

    Hola Alejandro;

    Es un placer dar con blogs tan bien escritos y tan interesantes como el tuyo. Y encima tratan de temas tan cotidianos. Creo, también, que es necesario la conexión entre l@s prof@s de un mismo claustro, el poder compartir un café, lleva a compartir reflexiones (pasando por las quejas típicas) y tal vez, estoy en ello, compartir proyectos interdisciplinares.
    El hecho de conocernos como personas y no sólo como colegas de trabajo facilita, en general, la convivencia diaria, simplifica trámites e intercambios (de aulas, de materiales, …).
    Con el alumnado pasa lo mismo. Si tenemos la suerte de convivir con ellos en un entorno diferente al de la clase, mejora la relación.
    Creo que estas relaciones personales son básicas para favorecer los aprendizajes.
    Un saludo en vacaciones.

    • 19/07/2010 15:09

      Hola María José, gracias por tu comentario.

      Justamente en estos días estoy preparando una próxima entrada que tratará sobre los aspectos “contextuales” de la vida de un Instituto, en línea con lo que tú indicas sobre la importancia de la “convivencia diaria entre personas”, y a propósito de una afirmación realizada por Marina que decía que “lo que realmente enseña no son los profesores sino los Institutos”. Entrada que naturalmente me encantará compartir contigo.

      Ahora me permito sugerirte, si es que ya no lo has hecho, que le eches un vistazo a otra entrada que también dice algo sobre esta cuestión, a ver qué te parece.

      Que disfrutes de tus seguramente merecidas vacaciones. Un saludo

      Alejandro

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