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El viaje de la memoria (2): Conceptos y esquemas.

14/04/2010

Entrada revisada y corregida el 3/06/2012


Durante mi estancia en Rosario, una ciudad con las dimensiones de Barcelona, que se extiende a la vera del río Paraná, en una amplísima cuadrícula según el modelo urbano colonial, vuelvo a pensar el carácter narrativo que debería tener una propuesta didáctica para la clase de filosofía.

Continúo con este viaje, en el cual la memoria parece estar tan presente – en Rosario vivía mi abuela, y durante mi infancia venía a visitarla con frecuencia–. Ahora reparo, quizá por primera vez, sorprendido, en este contraste entre un trazado urbano diría cartesiano, y la irregularidad del curso fluvial que lo recorta. Calles rectas y siempre iguales; aunque el empedrado de su pavimento y las infaltables acacias de las aceras, que se juntan frondosas en las alturas, las hagan siempre diferentes. Una “ciudad narrativa” diría, cuyo paisaje evoca la exigencia lógica de un discurso, y al mismo tiempo se despliega dinámica, irregular, nunca completa.

Desde el monumento a la bandera, enorme construcción cubierta de mármol, de un impresionante racionalismo autoritario (¿masculino?), observo el río Paraná (nuevamente el contraste): anchísimo curso de aguas subtropicales, navegado por barcos de gran calado, recorridos por restos vegetales que se desprenden de la selva mesopotámica, aguas marrones de oleaje suave, islas verdes que no permiten ver la otra orilla.

Durante estos días en Rosario vuelvo a leer a Matthew Lipman en  su obra Pensamiento complejo y educación, (Madrid: Ediciones de la Torre, 1991). El creador del programa Philosophy for Children aventura la aparición de lo que sería un nuevo tipo de textos, un texto del futuro, que permita captar la profundidad del pensamiento de “orden superior” mediante la síntesis de la criticidad teórica y la creatividad narrativa.

M. Lipman

Para desarrollar el pensamiento complejo necesitamos textos que incorporen, y por ello modelen, tanto la racionalidad como la creatividad. Ya he clarificado anteriormente que la racionalidad permite el auto-conocimiento en la voz de la tercera persona; pero lo que hace emerger al sujeto en primera persona es la creatividad. Y agregué que la creatividad se compromete con lo que existe. (Esto es verdadero aunque la creatividad profundice o se sume al esfuerzo de la racionalidad. En ambos casos, la racionalidad es compromiso y creatividad). El pensamiento complejo implica una dinámica imparable, un constante diálogo entre la racionalidad y la creatividad.

No obstante, en las situaciones cotidianas del pensamiento, la racionalidad suele encerrarse en monólogos cuando la creatividad se expone a sí misma dialógicamente. La racionalidad invoca criterios de las alturas mientras que la creatividad apela a intuiciones sensualistas. Cada movimiento del pensar actúa cooperativamente entre sí y de forma complementaria. El monólogo y el diálogo, la racionalidad y la creatividad se entretejen en la tesitura del pensamiento

Cuando nos proponemos comprender el modo en que organizamos de forma eficaz la información, rápidamente acudimos a los términos de concepto y de esquema. En un cierto sentido, ejemplifican la distinción tradicional entre lo mecánico y lo orgánico, y también pueden ilustrar la idea de que la naturaleza se despliega como una onda o bien se construye como un rompecabezas. El concepto puede entenderse como una idea que tenemos sobre la clase de cosas que comparten uno o más rasgos comunes o bien como aquella idea que tenemos de una familia de cosas en las que algunos rasgos están compartidos por algunos miembros, pero no por todos.  A través de los principios organizativos intrínsecos a la clase y a la familia,  somos capaces de construir conceptos que a su vez nos permiten captar y gestionar la información en un determinado campo cognitivo. Sin estos principios organizativos, la información es únicamente una amalgama de datos. Se parecería entonces a una mesa de trabajo tras una sesión intensa: papeles, ceniceros, marcadores, libros, tazas; es decir, una confusión.

Un esquema tampoco implica una aglomeración o agregación mecánica. Es orgánico y dinámico; se traslada, se desliza, se encoge, se ensancha, se eleva, desciende. Algunos ejemplos metafóricos serían como una ola, un ave en vuelo, un libro, una película, la trayectoria de un país, la historia personal de cada uno. Por ello, en un cierto sentido, una descripción o una exposición nos apelan a nuestra capacidad para rastrear conceptualmente los términos utilizados, mientras que la narración nos hace un llamamiento a nuestro poder de comprensión del movimiento y del crecimiento. Una narrativa que emplea esquemas es propulsiva, es una investigación hacia el interior que se  maneja como nave mecida por el viento.

El texto secundario tradicional suele ser un claro exponente de la organización conceptual. Su índice nos revela en seguida unos contenidos organizados y categorizados lógicamente, de forma que las clases constitutivas son mutuamente excluyentes y casi exhaustivas. Suele mostrar el producto final más refinado de los autores presentado a los lectores para que su ingesta y digestión sea lo más simple posible. Y ello requiere enorme concentración por parte del lector, que si es un estudiante típico finalmente hojeará cuatro páginas y abandonará el libro. Los textos secundarios suelen exigir una gran inversión de energía del lector que, tras el esfuerzo inicial, se agota.

En cambio, un esquema posee un dinamismo propio. No se alimenta de datos tal como sucede con los conceptos, sino que atrae a los datos como un imán atrapa a los filamentos de hierro. Por ello no sólo contiene energía, sino que la contagia a los lectores a la vez que les aporta una organización lógica del campo. La fuente de la energía de los esquemas se halla en el hecho de que cada nuevo detalle incorporado a los anteriores remueve todos ellos. Lo que suceda en algún punto, altera el resto de elementos, contrariamente a lo que ocurre en las organizaciones mecánicas que gestionan partículas inorgánicas como granos de arena que se aglomeran sin afectar al resto. En una historia -la forma ideal de un esquema- cada detalle tiene un impacto y reordena la cualidad del todo. Es por eso por lo que los lectores inexpertos se sienten cómodos con las lecturas narrativas y en cambio sufren y se consumen leyendo exposiciones técnicas o altamente abstractas.

Y si lo que deseamos es provocar una transformación profunda en educación, debemos articular nuestros textos de forma narrativa a través de esquemas más que organizarlos conceptualmente como se ha hecho casi siempre, y ello es porque las fuerzas que libera en los estudiantes son mucho mayores.

Algo parecido ocurre con los esquemas: desde el momento en que cautivan, producen admiración y fascinación, pueden ser dañinos también. Y en efecto, los esquemas han sido eficazmente utilizados por todas las fuerzas deshumanizadoras en el mundo. Los anuncios publicitarios, por ejemplo, son esquemáticos en la forma y manipulativos en su función, por lo que nuestra capacidad de razonamiento halla dificultades para resistirse.

Por tanto, el texto del futuro tendría que mantener un equilibrio entre la narración y la exposición, y entre el aparato conceptual y el esquemático. Lo mismo entre el componente creativo y el crítico. Y así, lo que obtendríamos no es un término medio, sino una interpenetración y fusión nuevas. Lo crítico deberá alertar siempre a lo creativo del peligro de la absoluta vacuidad y lo creativo rescatará a lo crítico de la especulación infundada y de la expresividad amorfa.

Lo que deberían tener en común los textos del futuro y las obras de arte es su capacidad para producir una experiencia gozosa. El texto, por su parte, especifica la estructura de dicha experiencia, apunta la dimensión crítica, diseña su vuelo creador, modela el proceso de investigación, retratando actos y habilidades intelectuales poco frecuentes en un simple traba jo artístico. El texto de futuro se acuña como un nuevo género híbrido (que no es tan nuevo, ya que nos recuerda a los diálogos platónicos), como una obra de arte con una función especial, producir experiencia con reflexión y razonabilidad con juicio en la formación de la persona.

Escribo un día después de esta lectura:

Se supone que el deseo de cualquier investigador o estudioso de un tema determinado es poder realizar una aportación novedosa, por mínima que sea, en el campo o el área al que pertenece su trabajo. Las notas de ayer me llevaron a preguntarme por las posibilidades reales de llegar a desarrollar una propuesta de orientación didáctica en el campo de la enseñanza de la filosofía que pueda considerarse más o menos original o novedosa, y al mismo tiempo estar convencido, como lo estoy, de que esta propuesta no llegará a tener contenidos ni orientaciones sustancialmente diferentes a los elaborados y utilizados hasta ahora por la mayoría de los profesores de filosofía.

Los formatos de las actividades que pueda proponer seguramente no serán demasiado diferentes a los que se han utilizado siempre. Sin embargo, creo que la novedad podría residir en el esfuerzo por “reciclar” estos formatos con un contenido narrativo y autobiográfico. La idea de autobiográfico no se refiere al hecho de contar acontecimientos de la vida personal – aunque en un determinado momento también pueda darse – sino más bien a promover la relación con pensamientos y experiencias propias, vividas por los alumnos y también por el profesor. Por ejemplo, si se trabaja un comentario de texto – formato universalmente extendido, lamentablemente a partir de haberse convertido en la llave del éxito en las prueba de acceso a la Universidad – utilizar las ideas del autor para estimular la revisión y el análisis del pensamiento de los alumnos. No sería tanto el alumno quien analiza y comenta el texto de un autor, como un autor cuyo pensamiento interpela al pensamiento del alumno. En este sentido, las ideas previas  más que el punto de partida –tal como lo entendería una orientación didáctica que pretende promover “aprendizajes significativos”–, serían el punto de llegada, el auténtico objeto de reflexión y de investigación. El texto se convierte en una puerta que se abre a la narración de una historia personal, interpelando y provocándola, para finalmente  convidar a su re-lectura, ahora de una manera creativa y vital.

Por parte del profesor, la mejor manera de estar en condiciones para poder promover esta orientación narrativa, posiblemente sea realizando un trabajo de apropiación personal y reflexiva del pensamiento filosófico. La práctica óptima sería la de aquel docente que consigue transmitir su relación personal con los autores, la trayectoria vital que le llevó a visitar los problemas abordados por la tradición filosófica.

Posiblemente habrá muchos temas o autores con los cuales no se tenga una relación más personal que la que puede tenerse con la lectura de un manual y su traducción en un esquema de clase. Entonces no habría que tener reparos en compartir con los alumnos el trabajo de recuperación “narrativo” y “autobiográfico” de dichos temas o autores. Todo acompañante de viaje ha visitado los lugares por primera vez; y en muchas ocasiones lo tuvo que hacer acompañado de los viajeros que debía guiar. Les aventajaba en su experiencia de viajero avezado, pero pudo compartir con ellos, en un plano de igualdad, el desconocimiento específico del lugar, y también el placer de la sorpresa que el nuevo paisaje podía provocarlos.

En resumen, dos orientaciones que podrían aportar una cierta novedad a una propuesta de orientación didáctica: la revisión de los formatos desde una perspectiva narrativa, y la recuperación autobiográfica de los contenidos curriculares. La didáctica de la filosofía, en consecuencia, se alejaría de las técnicas objetivas, plasmadas en las guías para el profesor que suelen acompañar a los manuales. Cada docente construye su propio bagaje de recursos. Idea nada novedosa por cierto, pero que adquiere una especial relevancia cuando se realiza en el marco de una propuesta que subraya la relación del pensamiento propio con la aventura filosófica de los autores que la protagonizaron, no de otra manera más que a través de sus respectivas experiencias vitales.

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4 comentarios leave one →
  1. 15/04/2010 19:33

    Gracias Alejandro! he conseguido seguir tu blog, ahora sales abajo del todo de mi blog,
    ya me iré pasando por aquí, conociendote seguro que pones cosas muy interesantes!
    un saludo!!

  2. 15/04/2010 21:30

    Gracias JuanMi, además de clase me tendrás que aguantar por aquí, jajaja!
    Un abrazo
    Alejandro

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