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¿Dar poder o voluntad de poder?

11/02/2010

Entrada revisada y corregida el 10/04/2012

En el grupo de Google “Didáctica de la filosofía”, un compañero de grupo,  José Luís Sánchez Piñero, formuló una pregunta a mi última entrada de este blog (“Darles poder”):

¿La acción de “darles” implica voluntad?

Reproduzco a continuación mi respuesta:

Querido José Luís.

No sé si comprendo correctamente tu pregunta. Se me ocurren dos posibilidades de sentido:

1. Tener la voluntad de dar poder [a los alumnos].

2. Transmitir voluntad de poder [a los alumnos].

En el primer caso se trataría de la sesión de un poder que ya posee el docente y que decide compartir o delegar en los alumnos. Ejemplo de esto podría ser cualquier intento por parte del profesor o profesora de promover espacios de autonomía y decisión en la gestión que los alumnos pueden hacer de sus propios aprendizajes. Sería una idea próxima a la de “empoderamiento”, que ya comentamos en mensajes anteriores.

Pero también podríamos verlo tal como lo expreso en el segundo enunciado: más que con-ceder, habría que hablar de reconocer un poder o una capacidad que ya existe en los alumnos, y que, en ese reconocimiento, se promueve su autoconciencia y la voluntad de su expresión.

Creo que este segundo sentido no es excluyente del anterior –diría que es complementario–. De él encontramos un claro ejemplo en la clase magistral de Benjamín Zander,  grabada en el vídeo. Por parte del conferenciante, en un sentido estricto, no hay decisión ni voluntad referida a su auditorio, salvo la de transmitir su entusiasmo y su pasión por la música clásica; y, naturalmente, la plena confianza de que quienes le escuchan tienen la capacidad para entenderle y compartir esa pasión.

En este caso lo que “empodera” no es la intención de conceder poder alguno, sino tan sólo el reconocimiento de capacidades, y una suprema confianza en quien escucha.  Los “ojos brillantes” serían expresión del descubrimiento de una capacidad propia, posibilitada por la pasión y la confianza del maestro en sus discípulos.

Esta transmisión “expansiva” –diría casi involuntaria– del amor, en nuestro caso por la Filosofía, podría ser entendida como una reivindación de las didácticas transmisivas. Ante ello, yo matizaría: más que recuperar el academicismo, es necesario reconocer que ciertas formas transmisivas, en determinados contextos, pueden llegar a ser tan movilizadoras como la mejor de las estrategias participativas. Pero con ello creo que me alejo demasiado de la pregunta inicial.

Un abrazo.

José Luís responde a su vez con una entrañable comparación, en la cual creo que la palabra clave sigue siendo “confianza”.

… pudiera ser que el ejemplo del pequeño que comienza a andar nos sirviera de guía. Al principio él lo intenta pero no tiene “poder” para hacerlo. Nosotros le “empoderamos” cuando nos ponemos cerca de él, tratando de que no se caiga, pero no agarrándolo directamente. Ahí se le abre un espacio seguro de autonomía y responsabilidad (capacidad de respuesta a la situación), en el que el niño va cogiendo confianza hasta que termina por andar solo. Entonces tiene el “poder” completo para responder, la responsabilidad de su acción de andar. Es una forma de enseñarle a asumirlas poco a poco.

Comparación que obviamente nos remite a aquellos aspectos emocionales o afectivos que seguramente deberán estar presentes en toda didáctica que procure autonomizar o empoderar a los alumnos.

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2 comentarios leave one →
  1. 27/02/2010 0:35

    Queridos amigos: Os invito a compartir un vídeo, que fue filmado en mi intervención en el encuentro de educadores que tuvo lugar en Barcelona, con motivo de los talleres dirigidos por Noemi Paymal sobre Pedagogía 3000. Su título es “Educar más allá de las creencias: liberando al corazón”. A ver qué os parece…
    La dirección para acceder a él es: 

      Felices encuentros. Un cordial abrazo
                                          Carlos González
     P.D  Temática del vídeo:
    ¿Cómo puede un maestro empoderar a sus alumnos? O lo que es lo mismo:
    ¿Dónde está nuestro poder para cambiar las cosas que no nos gustan, para cumplir nuestros sueños….? ¿Por qué no podemos aplicar todo lo que hemos aprendido en seminarios y talleres? ¿Qué nos impide como educadores enseñar de otra manera? ¿Qué pasa con nuestro valor…? ¿A qué tememos y por qué…?
    No existe la cobardía, sino los obstáculos al valor
    Esos obstáculos están en nuestras creencias, muchas veces invisibles para nosotros mismos. Reconocerlas y saber jugar con ellas es la clave para ceder el poder al corazón, y conseguir el empoderamiento de nuestros alumnos o hijos.
    Para más información:
    http://www.ladanzadelavida12.blogspot.com/

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